Ejemplos ?
Estudió absolutamente todos los medios, hasta decidirse por el más dulce y sencillo, que no necesita arma alguna y es semejante a un tranquilo reposo.
Bien está que los republicanos de la Restauración, contaminados por la política abstracta, irreal, de esta época; hombres que no sentían con la misma fe y con la misma fuerza que el imperativo de la justicia el imperativo de la eficacia, creyeran encontrar en no sé qué razones de no sé qué teorías motivos para decidirse por una de estas formas de gobierno.
Y no cesó de pensar en este asunto durante años, saliéndole siempre al paso objeciones, sin que lograra decidirse por una opinión.
Pero él no daba mucho pie a estos renuevos sentimentales, de modo que ella no acababa de decidirse por hacer un sacrificio, cuando el boticario vino muy a punto a proporcionarle una ocasión.
Los líderes del Senado aplaudieron la forma en que el cónsul había presentado la moción pero, que las circunstancias diferían para cada caso, pensaron que cada uno debía decidirse por sus propios méritos, y con vista a facilitar la discusión pidieron al cónsul que expusiese el nombre de cada lugar por separado.
Vinieron en cambio á decidirse por la República los progresistas, que no quisieron seguir á Sagasta por el camino de la restauración borbónica; pero, no por nuestra República, si no por esa república unitaria que, como tantas veces os he dicho, no es más que una de las fases de la monarquía.
En los negocios que deban decidirse por la Junta, la formarán quatro Vocales con el Presidente; pero en los asuntos interesantes de alto gobierno deberán concurrir todos precisamente.
Pero para que los ángeles y los hombres hayan podido elegir el mal, para que hayan podido decidirse por el mal, es preciso que el mal haya existido independientemente de ellos, ¿y quién ha podido darle esa existencia, sino dios?
Al principio me entró deseo de pedirles que me llevaran consigo y me enseñaran a tocar sus instrumentos; pero no me atreví, sin duda porque siempre es muy difícil decidirse por cualquier cosa, y también porque temía que me volviesen a coger antes de haber salido de Francia.» El aspecto poco interesado de los otros tres compañeros me llevó a pensar que aquel muchacho era ya un incomprendido.
Necesitaba también tener en cuenta a los padres de Sybil que, como pertenecían a un mundo un poco anti­cuado, podrían oponerse al matrimonio si se producía al­gún escándalo; aunque estaba seguro de que, si les contara todos los incidentes del suceso, serían los primeros en comprender los motivos que le impulsaban a obrar así. Tenía, pues, perfecta razón al decidirse por el veneno.
Los cónsules estaban ocupados con sus preparativos para la campaña, decidiendo quién de ellos haría frente a los etruscos y quién a los samnitas, cuántas tropas necesitarían y qué teatro de operaciones sería el mejor cuando llegaron mensajeros desde Sutri, Nepi y Civita Castellana con informaciones definitivas acerca de que las asambleas locales de Etruria habían convenido decidirse por una política de paz.
Tratábase de veinte pesos, la mayor posta de la noche, y los dados andaban remolones para decidirse por las facetas del azar o de la suerte.