Ejemplos ?
Por otra parte, imaginando que ella tenía escrúpulos, Carlos insistió más; de manera que ella acabó, a fuerza de insistencia, por decidirse.
Le dejaré firmado un documento. Tengo desde hace tiempo comprometida a la gente, y era preciso decidirse. Fray Ambrosio no falta a su palabra.
(1) Se establece la Sede de la Organización en Ginebra. (2) Podrá decidirse su traslado, según lo previsto en el Artículo 6.3)d) y g).
—Yo, y me delato; que suban pues a prenderme: yo maté anoche a ese hombre por ocultos intereses.» Enmudecieron de asombro los que se hallaban presentes, unos a otros mirándose sin decidirse a creerle.
Finalmente, en aquellos períodos en que la lucha de clases está a punto de decidirse, es tan violento y tan claro el proceso de desintegración de la clase gobernante latente en el seno de la sociedad antigua, que una pequeña parte de esa clase se desprende de ella y abraza la causa revolucionaria, pasándose a la clase que tiene en sus manos el porvenir.
El día en que presentamos la escena a nuestros lectores era el último que Andrés debía pasar bajo el techo paterno: le había destinado a despedidas, y ya tuvimos el gusto de ver el resultado que le dio la de don Damián; día que, dicho sea inter nos, había costado muchas lágrimas a la pobre madre, a escondidas de su familia, pues no podía resignarse con calma a ver aquel pedazo de sus entrañas arrojado tan joven a merced de la suerte, y tan lejos de su protección. Pero las horas volaban, y era preciso decidirse.
-Tú acapararás las riquezas del mundo, serás comerciante, prestarás dinero a los reyes, tratándolos como iguales, y si arruinas a todo un pueblo, el mundo entero admirará tu habilidad. El pobre Adán lloraba de agradecimiento, mientras Eva, inquieta y temblorosa, intentaba decir algo, si decidirse a ello.
Acusaba a León de sus esperanzas decepcionadas, como si la hubiese traicionado; y hasta deseaba una catástrofe que le obligase a la separación, puesto que no tenía el valor de decidirse a romper.
Y sin decidirse, no obstante, del todo por Perico, ni por ningún otro de los muchísimos que la arrullaban, estaba Rosarito, cuando una noche, en que gozaba en compañía de sus viejos del aire libre, en mitad del patio de su casa, hubo de penetrar -según cuentan- la tía Pingajitos anunciando con voz de aguardentosas inflexiones, que una comisión compuesta de la flor y nata de los mocitos baries, o sea, de Antonio el Viruta, Juanico el Tartajoso y Currito el Tonelero, solicitaban ver a la Niña de los Lunares.
Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes —donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares— en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo. Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla.
La hermosa bajó El conductor le dio inverosímiles gracias y se alejó sonriente sin comprender por qué aquella rica mujer que poseía limusinas y autos deportivos, había descendido a tomar su insignificante taxi. Mucho tiempo la rubia permaneció frente a la puerta de la mansión a donde había llegado sin decidirse a entrar.
Bien está que los republicanos de la Restauración, contaminados por la política abstracta, irreal, de esta época; hombres que no sentían con la misma fe y con la misma fuerza que el imperativo de la justicia el imperativo de la eficacia, creyeran encontrar en no sé qué razones de no sé qué teorías motivos para decidirse por una de estas formas de gobierno.