de un lado a otro

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de un lado a otro

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Ejemplos ?
La parte inferior tuvo que ser más corta para facilitar el movimiento de un lado a otro de la espalda y el cuello del caballo, pero la parte superior no fue tan estrecha y pudo ser más larga.
Durante la temporada de reproducción, por regla general, un macho de los impalas vigila un grupo de hembras, caminando de un lado a otro, exponiendo sus cuernos, con las orejas ajustadas y el rabo levantado.
Pero resulta que ninguno de los dos astros se movía. Tan sólo parecían contonearse de un lado a otro en el oriente. Simplemente se balanceaban.
Y así andaba de un lado a otro, como desterrado por voluntad propia, mirando los avances de los hombres que ahí guiaba QUETZALCOATL.
Benincasa se sentó bruscamente en la cama, alucinado por la luz de los tres faroles de viento que se movían de un lado a otro en la pieza.
Por la línea se ve avanzar al rápido como un monstruo tumbándose de un lado a otro, avanzar, llegar, pasar rugiendo y huir a 110 por hora.
¿Ves la casa de campo, con el gran horno que parece un gigantesco huevo que sale de la pared y da al camino? El saúco extiende sus ramas por encima, y el gallo va de un lado a otro, escarbando el suelo para sus gallinas.
A los pocos instantes el Conejo descubrió la presencia de Alicia, que andaba buscando los guantes y el abanico de un lado a otro, y le gritó muy enfadado: - ¡Cómo, Mary Ann, qué demonios estás haciendo aquí!
En este sentido creemos que urge realmente una legislación global en materia de fondos buitres, fundamentalmente, que son los que se desplazan de un lado a otro en movimientos realmente especulativos y que golpean sin piedad a las economías, y también en la necesidad de calificar, evaluar y legislar sobre las calificadoras de riesgo.
Ahora que tanto se lleva y se trae de un lado a otro la Doctrina Monroe, considerándola por los más, tutelar de las soberanías del hemisferio, puede ser de interés y oportunidad el recuerdo de la explicación que de su actitud usurpadora, daban los británicos en los mismos días del suceso.
Emma, frente a él, le miraba; no compartía su humillación, ella sentía otra: era la de haberse imaginado que un hombre semejante pudiese valer algo, como si veinte veces no se hubiese ya dado cuenta de su mediocridad. Carlos se paseaba de un lado a otro de la habitación.
vio otra vez a su don Pantaleón soltando trigo a diestro y siniestro como la molienda de San Isidro Labrador... El enjambre de los pordioseros de nuevo le seguía, como las abejas de una colmena que llevan de un lado a otro.