de modo que


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so

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de manière que

de modo que

cosicché, sicché
Ejemplos ?
La señora Generala no ha consentido en que corran a nuestro cargo ni tan siquiera el médico y la botica; de modo que vas a estar aquí como en casa de tu propia madre, si viviese.
-Sí..., Capitán... -respondió la enferma-. Despíerte usted con cuidado a Rosa, de modo que no lo oiga mi hija. Yo no puedo alzar más la voz...
El Consejo será integrado periódicamente de modo que se procure el equilibrio entre la representación de los órganos políticos resultante de la elección popular, de los jueces de todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal.
15º) La duración del trámite en cada Cámara no excederá de sesenta días hábiles, so pena de quedar sin efecto el juicio. ARTÍCULO 110º - La ley reglamentará el trámite de este juicio de modo que se ajuste a los términos y bases precedentes.
Descansa en la igualdad absoluta de derechos y deberes de los cónyuges, los que deben atender al mantenimiento del hogar y a la formación integral de los hijos mediante el esfuerzo común, de modo que éste resulte compatible con el desarrollo de las actividades sociales de ambos.
En cuanto entró el gato limpió dos salas, de modo que los habitantes suplicaron al rey adquiriese para el Estado este precioso animal.
Toca al Senado velar sobre la conservación de la libertad individual y de la libertad de la imprenta, luego que esta última se establezca por ley, como se previene después, título XIII, artículo 145. El Senado ejercerá facultades de modo que se prescribirá en los artículos siguientes.
El conjunto de los senadores por cada distrito se integrará, en lo posible, de modo que correspondan dos bancas al partido político o alianza electoral que tenga el mayor número de miembros en la Legislatura y la restante al partido político o alianza electoral que lo siga en número de miembros de ella.
Cosía su ropa, la de sus chicos, las fundas del revólver, las velas de su canoa, todo con hilo de zapatero y a puntada por nudo. De modo que sus camisas podían abrirse por cualquier parte menos donde él había puesto su hilo encerado.
Cuando penetró Joseíto en la habitación y vio a Rosario sentada en la mecedora, luciendo parte del brazo de intensa blancura y ceñido en la muñeca por anchas pulseras doradas; cruzadas las piernas de modo que dejaba ver el nacimiento de la pantorrilla que amenazaba hacer estallar la finísima media, y que ponía de relieve la magnífica redondez del muslo; libre la redonda garganta que ceñía un collar dorado, cuyos dijes reposábanle sobre la retadora curva del arrogante seno; cuando vio de aquel modo Joseíto a la Carabina, sintió algo que se le ponía sobre el corazón, y, tras algunos instantes de silencio y de mirar a Rosario como un náufrago la playa, exclamó trémulo y emocionado: -¡Ay, comadre de mi vía!
La espera no fue de mucha duración; pronto el rápido galopar de sus caballos anunció la llegada del enemigo; éste, al llegar al pie del repecho, se detuvo bruscamente: la vista de águila del teniente había divisado a los contrabandistas, y al divisarlos, un juramento capaz de hacer enrojecer al más bigotudo de sus veteranos, brotó en su boca; como ducho en aquella clase de lides, al adivinar lo ocurrido, se dispuso a maniobrar de modo que pudiera cortar el camino a los que...
Y como empezaba a llover, sacó su espada y la agitó en todos sentidos encima de su cabeza, de modo que no le cayó ni una gota de agua.