Ejemplos ?
—¡Qué hombre más delicado pardiez! —dijo Curval—. ¡Enfadarse porque recibió un poco de mierda, cuando hay quienes se la comen! —¡Paciencia!
Todo es rota cuerda Sin concuerdo. El triunfo es unidad de acuerdo Y el fracaso… soledad de mierda. Cordero de Dios, quita los pecados del mundo, y dales el descanso siempre eterno a mis maestros y a esa casa del ayer enladrillado, levantada para darse en esplendores a los deseosos de saber, -verdaderos amorosos- hoy mancillada, vuélvela símbolo incesante -doliente- de la ignominia burocrática.
29. Chupa un trasero sucio de mierda, hace masturbar su culo mierdoso con la lengua y se masturba sobre un culo mierdoso. Luego las tres muchachas se cambian.
Aquél era el instante de gozo para nuestro libertino: haber llenado de mierda el joven y lindo coñito, introducírsela y volver a introducírsela, era su delicia suprema; mientras actúa se saca de la bragueta una especie de verga blanda, la sacude y logra, mientras sigue ocupado en su repugnante tarea, derramar en el suelo algunas gotas de su esperma escaso y mustio, cuya pérdida debería lamentar por ser debida solamente a semejantes infamias.
Algún tiempo después, un tercero me quiso también a mí; pero éste era más ceremonioso en todos los puntos: se me avisó ocho días antes, y era preciso que ese tiempo no me lavese ninguna parte de mi cuerpo y principalmente ni el coño, ni el culo, ni la boca, que desde el momento del aviso pusiese en remojo, en un orinal lleno de orina y de mierda, al menos tres puñados de varas.
—Mira, —me dijo un día la pequeña Eugénie, que empezaba a familiarizarse con nosotras, y a quien seis meses de burdel habían hecho más linda—, mira, Duclos —me dijo, levantándose las faldas—, cómo quiere la Fournier que tenga el culo todo este día. Y diciendo esto me hizo ver una capa de mierda de una pulgada de espesor que cubría el bonito agujerito de su culo.
Puesto que sólo tenía veintitrés años, no me faltaron las aventuras; voy a dejar de lado aquéllas que no son de vuestra esfera y proseguir, con vuestra venia, señores, únicamente con aquellas que sé tienen para vosotros algún interés ahora. Ocho días después de mi regreso fue colocado en el aposento destinado a los placeres un tonel completamente lleno de mierda.
—le dijo el monje, viendo cómo estaba la cosa—. ¿Cómo te atreves a decirme que vas limpia con un culo como ése lleno de mierda? Hace más de quince días por lo menos que no te has limpiado el culo; eso me apena de veras; pero como lo quiero ver limpio, será necesario que me ocupe yo mismo del asunto.
Su normalidad era no tener identidad alguna; ser equivalentes a títeres recortados por una misma tijera. Normales, es decir, montones indistintos de mierda.
En ese instante unos empellones abrieron la puerta desvencijada y aparecieron como energúmenos un puño de hombres desarrapados y medio borrachos que gruñían: -¡Jijo de la chingada! Pinche fisgón de mierda, cómo le hiciste para llegar hasta aquí.
Tras haberse instalado lo más cómodamente posible cerca del objeto de su culto, pega la boca al ojete y yo le largo un pedazo de mierda del tamaño de un pequeño huevo.
Un gran aficionado a la mierda, aquel de quien habló la Duelos el 14 de noviembre, tiene en su casa un asiento de retrete preparado; insta a usarlo a la persona a la que quiere hacer morir y, en cuanto está sentada en él, el asiento se hunde y precipita a la persona en una fosa de mierda muy profunda, donde la deja perecer.