Ejemplos ?
En su extremo, justo enfrente de mí, vi la entrada de un café –hoy día consumido en un incendio célebre (pues la vida es un sueño)–, y que estaba relegado al fondo de una especie de hangar, bajo una bóveda cuadrada, de aspecto lúgubre. Las gotas de lluvia que caían en la cristalera superior oscurecían aún más la pálida luz del sol.
Fuera de algún incidente con sus colegas labradores, que invadían su jurisdicción; del hastío de los días de lluvia, que lo relegaban en cuclillas frente a la pava, la tarea proseguía hasta el sábado de tarde.
Pasaron dos días. El campo continuaba desolado de lluvia y tristeza, mientras el número de perros rabiosos aumentaba. Como no se podía exponer a los chicos a un terrible tropiezo en los caminos infestados, la escuela se cerró; y la carretera, ya sin tráfico, privada de este modo de la bulla escolar que animaba su soledad a las siete y a las doce, adquirió lúgubre silencio.
Y dejando de guardia junto a una rueda a sus dos acompañantes, que, inmóviles bajo el capuchón caído, crepitaban de lluvia, Subercasaux fue espinándose hasta el fondo de la picada, donde halló a su caballo naturalmente enredado en las riendas.
Y rengo casi siempre, debía pasar una hora entera después de almorzar con los pies de su chico entre las manos, en el corredor y salpicado de lluvia o en el patio cegado por el sol.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran Al infinito blanco que les sirvió de madre. Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio Y le dejan divinas heridas de diamante.
Cierta vez en uno de los lagos de ANAHUAC vivía una rana feliz. En época de sequía cantaba y cantaba. En época de lluvia cantaba y cantaba. En fin, que era una cantante encantadora.
Verticales centellas conectaban el cielo y la tierra, torbellinos de agua rodaban en el espacio sus trombas de lluvia, y los truenos y la noche nos mantenían acurrucados bajo una roca.
Y eran las cinco y media de la mañana, mañana fría, y de lluvia, cuando del parque de la batería, de los carruajes, de la estación del ferrocarril aéreo que tiende su tronco al pie del parque antiguo fueron apreciando, camino del guardacostas que los esperaba piafando en el agua turbia, los que iban a recibir de media ceremonia, a los huéspedes de dos pueblos invitados, las seis sería cuando entre los remolcadores, las goletas italianas de casco verde y rojo, los vapores del río, los carboneros desmantelados, los buques graneros, salió con su banderola del águila al aire el guardacostas de la aduana.
Otra excursión fue dirigida hacia el Sur á la aguada de los Loros, distante 25 leguas del Carmen de Patagones: desgraciadamente cuando ya habíamos andado una parte del camino, nos sorprendió una tormenta de lluvia y granizo que descompuso en extremo los guadales haciendo sumamente dificultosa la continuación del viaje; además, el vaqueano perdió el rumbo pasando tres días extraviados, sin alimentos.
Si ésta se presentaba serena y despejada, menos mal, porque se encendían los farolillos y continuaba la danza otra hora más; pero si Cabarga se encapotaba y era la brisa húmeda, síntomas infalibles de lluvia inmediata, daba la comisión las órdenes oportunas a los músicos, después de tomar las de las señoras; y allí nos tenían ustedes bajando a Santander, al compás de un paso doble, cada uno con su cada una, ofreciéndoles aquí la mano para saltar una zanja, y allá el pañuelo para sacudir el polvo...
Emma se puso un chal sobre los hombros, abrió la ventana y apoyó los codos en el antepecho. La noche estaba oscura. Caían unas gotas de lluvia. Ella aspiró el viento húmedo que le refrescaba los párpados.