Ejemplos ?
Irritado el gaucho, después de insistir, él también, un momento, reculó, dándose cancha, y sacó el facón, amenazando a los milicos, insultándolos, tratándolos de cobardes y otras cosas, poniéndolos «como trapo de cocina» decía doña Ciriaca, la mujer del pulpero, al contar el hecho, el día siguiente; hasta que, sin saber cómo, él ni nadie, se encontró frente a frente con un hombre de bigote, algo petiso, morrudo, de gorra de vasco blanca, el poncho de vicuña en el brazo, y bien enroscada en la mano la lonja de un rebenque de cabo de fierro.
Estaba uno entregando cueros en la pulpería, donde no había más que un forastero, comiendo nueces. ¡Zas!, de repente, el forastero asomaba la cara en el depósito, de gorra blanca, y revisaba las señales.
Irritado el gaucho, después de insistir, él también, un momento, reculó, dándose cancha, y sacó el facón, amenazando a los milicos, insultándolos, tratándolos de cobardes y otras cosas, poniéndolos «como trapo de cocina,» decía doña Ciriaca, la mujer del pulpero, al contar el hecho, el día siguiente; hasta que, sin saber como, él ni nadie, se encontró frente a frente con un hombre de bigote, algo petizo, morrudo, de gorra de vasco blanca, el poncho de vicuña en el brazo, y bien enroscada en la mano, la lonja de un rebenque de cabo de fierro.
A este tenor cierta gente de caperuza, y el diccionarista entre ellos calado de gorra, toman la libertad de la imprenta por el lado que mas los punza, y por donde olfatean que puede oler a chamusquina.
Aquí estoy y no me harto de muerte; los gusanos se mueren de hambre conmigo y yo me como a los gusanos de hambre, y los muertos andan siempre huyendo de mí porque no les pegue el don o les hurte los huesos o les pida prestado, y los diablos se recatan de mí porque no me meta de gorra a calentarme, y ando por estos rincones introducido en telaraña.
Otrosí damos por incapaces de razón a todos aquellos que habiéndoles Dios hecho bien criados de personas, son mal criados de gorra; y deleitándose en ser descorteses se consuelan a vivir malquistos.
Estaba en cuclillas, detrás de la puerta, la recien casada, oyendo al muchacho, con la oreja tan larga, y entró con un tropel de los diablos; él, por lo que podia suceder, venia hecho un relox; la mugercilla estaba de veinte y cinco alfileres, y le dixo para qué se metia de gorra.
¡Aquel coche grandísimo, tan precioso, tan reluciente, que andaba solo, con su iluminación clara por las noches, con sus silloncitos, con sus señores de gorra de galón, que van derechos en la plataforma, con su correr fantástico!
Jue de junción ese día, se me olvidaron las penas, y como andaba en la güena todo güeno se me hacía, ya la tristeza me juía, desterratido mis quebrantos, aunque sufrí males tantos ni lo acordaba siquiera; ¡quizás naide conociera si era yo el güerfano Santos! Hubo locro como un cielo hubo pan hasta de gorra, se hizo rica masamorra y una ternera con pelo.
Estaba uno entregando cueros en la pulpería, donde no había más que un forastero, comiendo nueces. ¡Zas! de repente, el forastero asomaba la cara en el depósito, de gorra blanca, y revisaba las señales. Ya no era vida.
El novio se había retirado, apareciendo pocos minutos después despojado de la levita, con un macarrónico batín de franela verde, en zapatillas, y calada una especie de gorra grasienta, a pretexto de catarro y confianza; en realidad por no desmentir la añeja y groserísima costumbre de sentarse a la mesa cubierto.
Mi dinerillo es bien que me socorra, no quiero amar de gorra, que es estarme cansando, y es amar ad Efesiosen no dando; pues de que no se cogen hay certezas, a bragas enjutas las bellezas; y ahorrando razones, callen las barbas y hablen los doblones.