Ejemplos ?
No era malo ni muchísimo menos, porque, eso sí, pa mí la verdá es la verdá, y los bichos fueron superiores; pero el Bomba tuvo aquel día el santo de espaldas, y mire usté que yo soy de los que creen que al Bomba no lo coge un toro como no le tire un cuerno...
Por lo cual los ceramistas retirábanse a un extremo del taller, hasta que el viento helado que filtraba silbando por entre las tacuaras de la pared los llevaba otra vez, con mesa y todo, a caldearse de espaldas al horno.
Y estremecíase al contacto de su mojado pantalón, creyendo sentir el rozamiento de agudos dientes. Cansado, desfallecido, se echó de espaldas, dejándose llevar por las olas.
El viejo, cogiéndose el rostro, retrocedió un paso, su pierna de palo tocó tierra húmeda, resbaló, y dando un alarido se precipitó de espaldas al chiquero.
Abrí despacio, muy despacio, la puerta del gabinete de mi padre. Estaba sentado, como de costumbre en silencio, y de espaldas a la puerta.
(me decía a cada instante.) ¡Entonces no hay remedio, me matan!..., pues ese maldito se ha empeñado en que ningunos ojos que vean su fisonomía vuelvan a ver cosa ninguna.» Estaba yo haciendo estas reflexiones, cuando se me presentó un hombre vestido de macareno con mucho lujo, y dándome un golpecito en el hombro y sonriéndose con suma gracia, me dijo: - Compadre, ¡yo soy Parrón! Oír esto y caerme de espaldas, todo fue una misma cosa.
En cambio, cuando triste y enfriado se aproxima a la fealdad, se vuelve de espaldas, se contrae, torna reservado y no engendra, llevándose con dolor su germen fecundo.
Alguien silba. No puede ver, porque está de espaldas al camino; mas siente resonar en el puentecito los pasos del caballo... Es el muchacho que pasa todas las mañanas hacia el puerto nuevo, a las once y media.
Sócrates, que continuaba paseándose, dijo al cabo de algún rato que notaba ya un gran peso en las piernas y se echó de espaldas en el lecho, como se le había ordenado.
¿Cómo ha podido ocurrírsele venir a mi casa con esta embajada? No sé si debo quedarme o retirarme y andando de espaldas, se fue a su dormitorio y lo cerró con llave, dejando solo a Jorge.
En uno de esos movimientos desesperados, sin saber cómo, me recargué en una de las paredes del calabozo y sentí que mi cuerpo caía hacia atrás; no pude detenerme y me fui de espaldas.
Ese documento complementado por notas y antecedentes sueltos nos da una visión bastante triste de lo que ocurrió y de acuerdo con lo cual hay que llegar a la conclusión de que generalmente “la soberanía” estaba de espaldas a las mesas donde se verificaban las elecciones hechas por los cabildos y por las 6 u 8 personas designadas por los alcaldes de barrio.