Ejemplos ?
Encontré a D bostezando, extendido cuan largo era, charlando insustancialmente, como de costumbre, y pretendiendo estar aquejado del más abrumador ennui.
Ya vestida y engalanada, pasó a un cuartito contiguo a la alcoba, donde solía guardar baúles, pero que ahora presentaba aspecto bien distinto del de costumbre.
uince días después del entierro de doña Teresa Carrillo de Albornoz, a eso de las once de una espléndida mañana del mes de las flores, víspera o antevíspera de San Isidro, nuestro amigo el Capitán Veneno se paseaba muy de prisa por la sala principal de la casa mortuoria, apoyado en dos hermosas y desiguales muletas de ébano y plata, regalo del Marqués de los Tomillares; y, aunque el mimado convaleciente estaba allí solo, y no había nadie ni en el gabinete ni en la alcoba, hablaba de vez en cuando a media voz, con la rabia y el desabrimiento de costumbre.
Me quedé, pues, sólo con Sócrates, amigos míos; esperaba inmediatamente me pronunciaría uno de esos discursos que la palabra inspira a los amantes cuando se encuentran sin testigos con el objeto amado, y de antemano experimentaba un placer al imaginármelo. Pero mi esperanza me engañó: Sócrates estuvo conmigo todo el día hablándome como de costumbre, hasta que se retiró.
Salíamos y retornábamos mudos, porque yo sabía bien que lo que él pudiera decirme no respondía a su pensamiento, y él estaba seguro de que yo le contestaría cualquier cosa, para evitar mirarlo. Una noche en que nuestro desasosiego había llegado a un límite angustioso, Luis se despidió de mí más tarde que de costumbre.
na, lo que el méico icía, que como el sol ya encomienza a picar más de lo debio, y como ella está tan... asina, pos le dio la tos más fuerte que de costumbre, y encomenzó a jechar una miajilla e sangre, y...
El invierno se presentó muy pronto y fue muy frío. Ammi veía a Nahum con menos frecuencia que de costumbre, y observó que empezaba a tener un aspecto preocupado.
En la Muy Noble, Leal y Antigua Ciudad de Santiago de Guayaquil, en veinte y cuatro días del mes de Julio de mil y seiscientos y treinta y seis años, víspera del bienaventurado Apóstol Santiago, luz y guía y espejo de los Reyes Católicos, que Dios guarde, y patrón de las Españas y de esta Ciudad, Señores Cabildo, Justicia y Regimiento de ella, estando en su Ayuntamiento, como lo han de costumbre...
Aquel día nos reunimos más temprano que de costumbre porque al separarnos de él la víspera por la noche, supimos que el barco había vuelto de Delos y convinimos que nos encontraríamos al día siguiente en el mismo sitio, lo más de madrugada que pudiéramos.
En este día entraron en su cabildo e ayuntamiento según que han de vso e de costumbre el muy magnifico señor cabildo e rregimyento de esta dicha çiudad es a saber el muy magnifico señor capitán Pedro de Puelles Tenyente de Gouernador e Capitán General en esta Çiudad e Prouinçias e los muy magníficos señores capitán Diego de Horbina e Rrodrigo de Salazar, Alcaldes Ordinarios en ella por su Magestad, e Xrispoual de Games e Capitán Rrodrigo de Orellana e Capitán Diego de Obando e Alonzo de Xerez e Antonio de Fygueroa, rregidores, para platicar e consultar las cosas conbinyentes al seruiçio de Dios nuestro señor e de Su Magestad e de Su Señoría e bien de estas prouinçias.
Cabildo del 6 de Septiembre de 1653.- En la Ciudad de Santiago de Guayaquil, en seis días del mes de Septiembre de mil y seiscientos y cincuenta y tres años, se juntaron a Cabildo, como lo han de costumbre, el Cabildo, Justicia y Regimiento que aquí firmaron.
Allí me dedicaba a vivir desnudo en las caletas. Una mañana, como de costumbre, mi criado Alí me despertó con sus palabras rituales: "-Que tu día sea bendecido...