Ejemplos ?
sin agitar las indiferencias que no lo escuchaban ni lo suponían, continuaba el trayecto sin doblegarse, sin caer...encadenado a su ruego...esperando el instante del hallazgo...labrando su epopeya interior. Oyendo... HANSEL Y GRETEL O... LA CASITA DE CHOCOLATE. - Allí, sí; allí... ¡Mira!, Fíjate bien.
Servía a la bailarina una criada de color de chocolate, con la luna y las estrellas tatuadas en la frente, en las mejillas, en el dorso de las manos y en los talones.
Junto a mi cama estaban, a un lado, Peyrehorade en bata, y, al otro, un criado enviado por su mujer, con un taza de chocolate en la mano.
Yo me sentaba regocijado, después de mis correctos saludos, y colmaba las manos de la niña de ricos caramelos de rosas y de deliciosas grajeas de chocolate, las cuales, ella, a plena boca, saboreaba con una sonora música palatinal, lingual y dental.
Ni la rubia ni yo tenemos otras rentas que la peseta que ganamos a coser en las casas adonde nos llaman, y la jícara de chocolate, por la mañana y por la tarde, que nos dan además, como usté sabe.
Primeramente, en la base, había un cuadrado de cartón azul que figuraba un templo con pórticos, columnatas y estatuillas de estuco todo alrededor, en hornacinas consteladas de estrellas de papel dorado; después, en el segundo piso, se erguía un torreón en bizcocho de Saboya, rodeado de pequeñas fortificaciones de angélica, almendras, uvas pasas, cuarterones de naranjas; y, finalmente, en la plataforma superior, que era una pradera verde donde había rocas con lagos de confituras y barcos de cáscaras de avellanas, se veía un Amorcillo balanceándose en un columpio de chocolate, cuyos dos postes terminaban en dos capullos naturales, a modo de bolas, en la punta.
Pesaba sus diez arrobas; cuando le hacían hábito nuevo, entraba en él toda una pieza de paño; visitaba al día once o doce casas, tragándose en cada una sus dos onzas de chocolate, y cuando la madre de mi abuelo le preguntaba: -¿Qué le gusta más, padre Salvador: unos huevecitos con patatas o unas longanizas de la conserva?
no me atrevo a nombrar. Frutos me enseñaba a rezar, me hacía dormir y velaba mi sueño; despertábame a la mañana con el tazón de chocolate.
Poco después se quedó dormido, dispertando antes de las dos de la madrugada. Un rato más tarde pidió un poco de chocolate que le había sobrado del día.
El doctor Denis volvió a sonreír con obsequiosa máscara de chocolate, y el sacerdote, sirviéndole otro vasito de aguardiente de palma, prosiguió su relato: -Hace cosa de siete años se produjeron numerosas desapariciones, que, con toda razón, supusimos de origen criminal.
Supongo que una visita no ha de ser eterna, y que alguien ha de dar ejemplo en lo de tomar el camino de la puerta, y que no hay ofensa a Dios ni al prójimo en llamarse Estatira. En cada noche recibía la llorona una peseta columnaria y un bollo de chocolate.
Rodeado de procesos, infolios y papelotes, y dando de rato en rato un sorbo a la jícara de chocolate, hallábase en su escribanía cierta mañana del año de 1716, cuando se armó un belén de todos los diablos bajo sus balcones.