Ejemplos ?
Poique es que yo me tengo que dir, y quisiera tirar por el mesmo camino que ellos y dir a su amparo, que no quisiera yo que cuatro chavicos que llevo me los manoseara el Muleto, ese mal nacío, que, según icen, trae de cabeza a toítos los del tricornio.
-Sí que jué una charraná, pero como el padre de la Niña le tiée tanto apego cuasi como a ella al cubril en que ha nacío, como no hay en él parmo e tierra que no haiga regáo con el suor de su frente, como er día que le quitaran a él su lagarillo sería como si le quitaran el sol que lo alumbra y lo calienta, pos velay tú, el hombre encomenzó a machacar en la zagala diciéndole que si no consentía en dejar al Cristóbal y en casarse con el Zamora diba a tirarse de cabeza por el Tajo de los Azules.
Creía estar enterado, desde luego; pero de momento era tal su impaciencia, que sufría fuertes dolores de corteza, y para un árbol el dolor de corteza es tan malo como para nosotros el de cabeza.
Lo rememoro en mi imaginación, que me atrevo a calificar de fotográfica, de cabeza proporcionada, rigurosamente peinado, frente amplia; su rostro pálido, a veces ceniciento, siempre bien rasurado, era triangular hacia la barbilla, boca ancha y nariz aguileña prominente; lo recuerdo con sus ojillos penetrantes detrás de sus lentes – no lo figuro sin ellos – de sólido armazón.
La generala estaba sentada, muy arropada, pues padecía jaqueca siempre que se aburría. Recibió a Jorge muy amablemente, lo felicitó y le deseó que nunca tuviera que sufrir aquel dolor de cabeza.
Había hecho una fragata de cartón con franjas color azufre para jugar en el fregadero, pero se agachó tanto que no pudo frenar y se dio un fregadazo. Se fue de cabeza y se pegó en la frente.
¡Por fin, de nuevo! Viviremos en paz, y ojalá que mañana o pasado no amanezca con dolor de cabeza, para resurrección de las locuras.
Estoy seguro de que han ido a denunciarme, y acabo de tenderme en el diván: como el dolor de cabeza continúa, me he atado la cara con un pañuelo blanco.
La luz del día, penetrando por la entreabierta ventana, iluminaba la habitación, en la cual, además del humilde mobiliario, consistente en una mesa de pino, varias sillas y un viejo aparador con cortinas azules, veíanse algunos enseres de pesca, varios remos apoyados contra uno de los ángulos, y dando una nota risueña al conjunto, un pájaro, que cantaba en una jaula de alambre, y dos macetas de geranios en flor, que decoraban el alféizar de la ventana, junto a la que cosía la unigénita del Levantino, la cual contestó al poco expresivo saludo del recién llegado con una apenas perceptible inclinación de cabeza.
Éste es mi dormitorio. Mi mujer dormía de aquel lado... ¡Qué dolor de cabeza!... Bueno. Estábamos casados desde hacía siete meses y anteayer murió.
Ahora a él quiero de tu puente enviarlo de cabeza, si capaz esto es de repente de sacarlo de su estúpida modorra y boca arriba esta actitud abandona en el pesado cieno, como su férrea suela en la tenaz vorágine la mula.
Ahora bien, celtíbero eres: en la tierra celtiberia, lo que cada uno mea, con esto se suele, por la mañana, el diente y el roso espacio de la encía frotar, así que, cuanto este vuestro diente más pulido está, tanto que tú más cantidad has bebido, predica, de orina. 40 ¿Qué mala mente a ti, pobrecillo de Rávido, te lleva de cabeza hacia mis yambos?