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Ejemplos ?
Oyóle Héctor con intenso placer, y corriendo al centro de ambos ejércitos con la lanza cogida por el medio, detuvo las falanges troyanas, que al momento se quedaron quietas. Los aqueos de larga cabellera, le arrojaban flechas, dardos y piedras.
Veremos si después los que hoy tan livianamente lanzan sus dardos envenenados contra nosotros escriben contra Masferrer, contra Ventura, contra Laurent, contra Chaviano, contra Tabernilla y contra Batista (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!), cuando vengan aquí encabezando expediciones de la United Fruit y comparsa y encuentren un pueblo débil, un pueblo escéptico a quien le hayan matado la fe, lo hayan dividido, lo hayan confundido y, en consecuencia, esos señores vuelvan a reinar aquí en nuestra patria (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”).
Así como llevan en sus frentes los ideales de progreso, transportan, al mismo tiempo, en sus manos, las herramientas para roturar el surco y hundir la semilla en el vientre de la tierra; pero nunca llevan la mancilla del arma fratricida, de los dardos inhumanos, de la venganza y el odio que corroe las almas.
En el hórrido combate, NEZAHUALCOYOTL decía entusiasmado: Esmeraldas, turquesas, son tu greda y tu pluma, oh, IPALNEMOHUANI, ya se sienten felices los príncipes con florida muerte a filo de obsidiana. Con la muerte en la guerra regresamos a tí. Polvo de escudos, niebla de dardos. Sólo con trepidantes flores llegamos a ti.
Esto es lo que ha hecho IPALNEMOHUANI. Aquello por lo cual vivimos. Sin recato somos humillados En los caminos yacen dardos rotos. Los cabellos están esparcidos.
Al verle, recio y resuelto, en la madurez de su edad, rigiendo su generoso bridón, sonriendo lleno de confianza entre las nubes de dardos y los remolinos de la batalla furiosa, repetían que un encanto le hacía invulnerable.
Cerca de tres siglos, el ser auténtico e inmortal de España agonizaba, desgarrado en la carne y en el espíritu, por los dardos venenosos y extranjeros de una concepción atea y materialista de la vida.
Gregorio Neocesarense (5) alaba a Orígenes, porque convirtió con admirable destreza muchos conocimientos tomados ingeniosamente de las máximas de los infieles, como dardos casi arrebatados a los enemigos, en defensa de la filosofía cristiana y en perjuicio de la superstición.
Al punto asióle de un pie el rey Elefenor Calcodontíada, caudillo de los bravos abantes, y lo arrastraba para ponerlo fuera del alcance de los dardos y quitarle la armadura.
Puesto que tanto provecho pueden prestar a la religión aquellos a quienes la Providencia concedió, junto con la gracia de profesar la fe católica, el feliz don del talento, es preciso que, en medio de esta lucha violenta de los estudios que se refieren en alguna manera a las Escrituras, cada uno de ellos elija la disciplina apropiada y, sobresaliendo en ella, se aplique a rechazar victoriosamente los dardos que la ciencia impía dirige contra aquéllas.
Si hoy viviera San Jerónimo, ciertamente dirigiría contra éstos los acerados dardos de su palabra, al ver que con demasiada facilidad, y de espaldas al sentido y al juicio de la Iglesia, recurren a las llamadas citas implícitas o a las narraciones sólo en apariencia históricas; o bien pretenden que en las Sagradas Letras se encuentren determinados géneros literarios, con los cuales no puede compaginarse la íntegra y perfecta verdad de la palabra divina, o sostienen tales opiniones sobre el origen de los Libros Sagrados, que comprometen y en absoluto destruyen su autoridad.
26 Cuando dije amor siempre me clavaron dardos y en la loca incertidumbre de mis nardos absurda muchedumbre con sus cardos aumentaron el dolor.