dardo


También se encuentra en: Sinónimos.

dardo

(Del fr. dard.)
1. s. m. Lanza arrojadiza corta y delgada, de tamaño intermedio entre la flecha y la jabalina. jáculo
2. JUEGOS Flecha de pequeño tamaño que, en cierto juego de puntería, se lanza con la mano para clavarla en una diana clavó el dardo en el centro del panel. venablo
3. Dicho satírico, agudo y agresivo lanzó hirientes dardos contra sus contrincantes. mordacidad, puya
4. ZOOLOGÍA Órgano puntiagudo y hueco, generalmente unido a una glándula venenosa, con el que se inyecta veneno a los tejidos de la presa o del enemigo el aguijón de la abeja y del escorpión son dardos.
5. ZOOLOGÍA Órgano copulador en forma de estilete calcáreo propio de los moluscos gasterópodos.
6. BOTÁNICA Pequeño brote de los árboles frutales, derivado de una yema de leño, que después de uno o dos años forma una de frutos.
7. dardo de fuego El dotado de materias inflamables los dardos de fuego de los sitiadores incendiaron las casas y cobertizos.

dardo

 
m. Arma arrojadiza, semejante a una lanza pequeña y delgada.
fig.Dicho satírico o agresivo y molesto.

dardo

('daɾðo)
sustantivo masculino
1. juegos flecha pequeña y liviana que se tira contra algo Clavó el dardo en el centro del panel.
2. arma punzante, pequeña y arrojadiza Varios dardos se clavaron en su cota.
3. dicho irónico, agresivo y molesto Sus reproches fueron verdaderos dardos.
Traducciones

dardo

dart, shaft

dardo

šipka

dardo

pil

dardo

tikkanuoli

dardo

strelica

dardo

ダーツ用の投げ矢

dardo

가늘고 짧은 화살

dardo

pijltje

dardo

pil

dardo

rzutka

dardo

dardo

dardo

pil

dardo

ลูกดอก

dardo

phi tiêu

dardo

飞镖

dardo

SMdart
jugar a los dardosto play darts
Ejemplos ?
Y yo, que me siento mordido por algo más doloroso y en el sitio más sensible, llámesele corazón, alma o como se quiera, yo que he sido mordido y estoy herido por los discursos de la filosofía, cuyos dardos son más acerados que el dardo de una víbora, cuando alcanzan a un alma joven y bien nacida y la hacen decir o hacer mil cosas extravagantes; viendo en derredor mío a Phaidros, Agatón, Eryximacos, Pausanias y Aristodemos, sin contar a Sócrates y a los otros, afectados como yo de la locura y la rabia de la filosofía, no cavilo en proseguir delante de vosotros el relato de aquella noche, porque sabréis excusar mis actos y a todo hombre profano y al sin cultura cerradle con triple candado los oídos.
Cuanto espacio recorre el dardo que lanza un hombre, ya en el juego para ejercitarse, ya en la guerra contra los enemigos que la vida quitan; otro tanto se retiraron los teucros, cediendo al empuje de los aqueos.
Su fresca risa atravesaba como un dardo el corazón de Remigio, a quien la felicidad de la pareja no hacía sino aumentar la ira que hervía en su pecho.
¡Cuántas veces en medio de las fiestas, de una fogosa juventud cercada, me aseguró de tu cariño tierno una veloz simpática mirada! Mi bien, ¿por qué me ocultas el dardo emponzoñado que desgarra tu puro corazón?...
88 Pues vimos a Pándaro el dardo sangriento, hermano de aquel buen arquero de Roma, que por Menesteo la libre paloma firió donde iva bolando en el viento, el qual a los nervios así del amiento contra las dóricas gentes ensaña que toda la tregua firmada les daña, dándoles campo de pazes esento.
Ea, pues, oh dioses, abstengámonos de darles nuestra ayuda: no fuese que alguno de vosotros resultase herido por el punzante dardo, pues combatirán cuerpo a cuerpo, aunque una deidad se les oponga; y gocémonos todos en contemplar desde el cielo la contienda.
Después Habitagujeros, como alcanzara a Cienolento, le hundió en el pecho la robusta lanza: hizo presa en el caído la negra muerte y el alma le voló del cuerpo. Acelguívoro mató a Penetraollas, tirándole un dardo al corazón, y en la propria orilla mató también a Roequeso.
Glauco, hijo de Hipóloco y príncipe de los licios, arrojó en la reñida pelea un dardo a Ifínoo Dexíada cuando subía al carro de corredoras yeguas, y le acertó en la espalda: Ifínoo cayó al suelo y sus miembros se relajaron.
El hijo de Tideo arrojóle un dardo, y si bien erró el tiro, hirió en el pecho cerca de la tetilla a Eniopeo, hijo del animoso Tebeo, que, como auriga, gobernaba las riendas: Eniopeo cayó del carro, cejaron los corceles y allí terminaron la vida y el valor del guerrero.
Dijo, y despidiendo con ligereza el dardo, hirió al caudillo Deicoonte Pergásida, compañero del magnánimo Eneas; a quien veneraban los troyanos como a la prole de Príamo, por su arrojo en pelear en las primeras filas.
Este, sin perder momento, colgó del hombro el corvo arco, vistió una pelicana piel de lobo, cubrió la cabeza con un morrión de piel de comadreja, tomó un puntiagudo dardo, y saliendo del ejército, se encaminó a las naves, de donde no había de volver para darle a Héctor la noticia.
El rey Agamemnón acertó a darle un bote en el escudo, que no logró detener el dardo; éste lo atravesó, y rasgando el cinturón, clavóse en el empeine del guerrero.