Ejemplos ?
Yo no existo... --Vaya, vaya, déjese de bobadas; tome su café y su copa, para empujar todo eso y sentarlo, y vamos a dar un paseo.
-Ismena, hija mía -dijo acercándose cariñosamente a su mujer-, vengo para sacarte a dar un paseo: ya tus amigas te estarán aguardando en la Cañada.
¡Márchese! El eclesiástico lo tomó por el brazo para hacerle dar un paseo por la huerta. Hablaba sobre la vanidad de las cosas terrestres.
Los criados contestaron: – El señor baja ahora mismo. Va a dar un paseo en coche. Y apareció un personaje de aspecto muy corriente, muy ruso, aunque bastante majestuoso.
El pobre viejo, que no está para muchas fiestas, se accidenta todo, le meten a dar un paseo al cuarto inmediato, y de allí a poco le vuelven a sacar hecho un energúmeno, como un sacerdote antiguo inspirado, que le viene a decir a su hijo antes de marcharse a la otra vida que es un mal hombre, y que le tienen que suceder muchos chascos por ser un jugador, y otras mil cosas por este estilo, que adivina; el diablo son los viejos; y las concluye todas con su última maldición.
Fuímonos a dar un paseo, y nos encontramos, ¡qué casualidad!, al oficial de la mesa en el Retiro, ocupadísimo en dar una vuelta con su señora al hermoso sol de los inviernos claros de Madrid.
Comió muy mal, como solía, pues para él mudar de posada sólo era mudar de hambre, y las chuletas de aquí sólo se diferenciaban de las de allá en que las unas podían ser de jaco andaluz y las otras de rocín gallego; mas para celebrar el triunfo moral del ángel sobre la bestia, como él decía, se toleró el lujo de pedir a la criada vino de lo que costaba a dos reales botella. Ordinariamente no lo probaba. Salió de su casa Aquiles a dar un paseo. Hacía calor.
Preparó el caballete sobre el que pensaba desangrarle y se marchó a dar un paseo, tras encomendar a su mujer que vigilase a Jean y, sobre todo, a Jeannette, de la que desconfiaba.
En cuanto hacía buen tiempo y los alumnos querían salir a dar un paseo por mar, ¡ancha Castilla!, se quedaba Zurita solo, recordando sus aventuras filosóficas como si fueran otros tantos remordimientos, y comiéndose las uñas, vicio feo que había adquirido en sus horas de meditación solitaria.
Había momentos en que pensaba que todo era un sueño, y si no hubiese sido por su jubón olvidado en la hierba, testimonio que brillaba por su ausencia, habría dudado de la exactitud de su memoria. Una tarde, por fin quiso abrir los ojos a la evidencia y se dirigió hacia el Pré–aux–Clercs como para dar un paseo.
Después de la misa del domingo acostumbraban los limeños dar un paseo por los portales de la plaza, bajo cuyas arcadas se colocaban algunas mulatas que vendían flores, mixturas, sahumerios y perfumes, y que aindamáis eran destrísimas zurcidoras de voluntades.
Tenía que salir con este último a lanzar la gran cometa; pero como no tenía más trajes que el indumento un poco extravagante con que me había adornado mi tía en el primer momento, me veía obligado a permanecer en casa, excepto una hora después de oscurecer, que mi tía me hacía dar un paseo para mi salud por delante del jardín antes de meterme en la cama.