dédalo


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dédalo

s. m. Conjunto de calles y caminos que se entrecruzan y disponen de tal manera que es muy difícil hallar la salida; suelen construirse con paredes de ladrillos o bien con un cercado de matas y arbustos vivos. laberinto.

dédalo

 
m. fig.Laberinto (lugar o cosa confusa).

Dédalo (Daídalos)

 
mit. Héroe griego, personificación de la habilidad manual.
Sinónimos

dédalo

sustantivo masculino
Traducciones

dédalo

Irrgarten

dédalo

labirinto

dédalo

SM
1. (= laberinto) → labyrinth
2. (= lío) → tangle, mess
Ejemplos ?
en materia de escultura ¿has visto alguno que esté en actitud de decidir sobre el mérito de las obras de Dédalo, hijo de Melitón, o de Epeas, hijo de Panope, o de Teodoro de Samos, o de cualquiera otro estatuario, y que se vea dormido, embarazado y sin saber qué decir de las obras de los demás escultores?
Eutifrón: Pero, Sócrates, no sé cómo explicarte mi pensamiento; porque todo cuanto sentamos parece girar en torno nuestro sin ninguna fijeza. Sócrates: Eutifrón, todos los principios que has establecido se parecen bastante a las figuras de Dédalo, uno de mis abuelos.
¿Y te atreves a acusarme de ser el Dédalo que les da esta movilidad continua, tú que mil veces más astuto que Dédalo, los haces girar en círculo?
Dando el huésped licencia para ello, Recurren no a las redes que, mayores, Mucho océano y pocas aguas prenden, Sino a las que ambiciosas menos penden, Laberinto nudoso de marino. Dédalo, si de leño no, de lino, Fábrica escrupulosa, y aunque incierta, Siempre murada, pero siempre abierta.
El hijo audaz de Jápeto, con sacrílego fraude, entregó a los mortales el fuego; y así que lo hubo arrebatado de las regiones etéreas, la escuálida palidez, con las fiebres antes desconocidas, se esparcieron por la tierra, y la muerte inevitable, que antes caminaba tardía, aceleró sus pasos. Dédalo se arrojó a volar por los aires con alas no concedidas al hombre, y el infatigable Hércules descendió al Averno: ninguna temeridad detiene el arrojo de los mortales.
La esclava, imperturbable como el destino, seguía su marcha a través del dédalo de pasadizos y Piter andaba tras ella como si en esto le fuera la vida.
Cantaba o recitaba mil antiguas leyendas en verso de las edades divinas, de héroes y semidioses: de la venida de Europa a su isla, del furor amoroso de Pasifae y del triunfo y de la perfidia de Teseo. Y bailaba aún, según ella aseguraba, la misma ingeniosa danza que Dédalo compuso para la princesa Ariadna de las trenzas de oro.
El eco repetía sus pisadas. Perdióse en un dédalo de corredores, y llegó a temer no encontrar salida. Entonces vio una puerta entornada.
Llegó a Copenhague donde recibió una crecida suma, seiscientos escudos, y se paseó por la gran ciudad con intenciones de partir al día siguiente. Se extravió, cuando anochecía, y se halló en un dédalo de callejuelas del arrabal de Cristianshavn.
Mas no estaba allí, su hermano la había llevado a casa de madama Gerard. Pero aunque esta tenía un almacén de modas, fueme imposible descubrirlo, en aquel dédalo de calles y callejuelas.
Decide Minos este pudor de su tálamo suprimir y en una múltiple casa y ciegos techos encerrarle. Dédalo, por su talento del fabril arte celebradísimo, pone la obra, y conturba las señales y a las luces con el torcido 160 rodeo de sus variadas vías conduce a error.
Hay una frase de Goethe, respecto a este estado, que vale un Perú. Dice: "Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás de él".