cursi

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cursi

(Probablemente del ár. marroquí kursi.)
1. adj./ s. m. y f. coloquial Que presume de elegante y fino sin serlo llegó con sus cursis andares intentando comerse el mundo. presumido
2. adj. coloquial Que aparenta elegancia o riqueza, pero resulta ridículo lleva un vestido muy cursi. vulgar, hortera
3. adj./ s. m. y f. Que se expresa con un lenguaje demasiado elevado y resulta ridículo, mal sonante o inapropiado me parece un escritor muy cursi. afectado, amanerado

cursi

 
adj.-com. fam.Díc. de la persona que presume de fina y elegante sin serlo.
Díc. de lo que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridículo y de mal gusto.

cursi

('kuɾsi)
abreviación
discreto que presume de elegante y fino sin serlo Es cursi beber con el dedo meñique en alto.

cursi


sustantivo
persona o cosa que aparenta elegancia o riqueza, pero resulta ridículo un cursi inaguantable
Sinónimos

cursi

adjetivo y sustantivo
Traducciones

cursi

A. ADJ
1. [persona] (= amanerado) → affected; (= remilgado) → prissy; (en sus gustos) → twee
2. [objeto] → twee
B. SMF es una cursi (= amanerada) → she's so affected; (= niña remilgada) → she's so prissy; (en sus gustos) → she's so twee
Ejemplos ?
-Que con la mantilla dejaría usted de ser un tipo lindísimo y de pura raza santanderina, para confundirse con la vulgaridad de las señoritas más o menos cursis.
Cuando la aprehensión es afirmada en función de una cualidad propia de un algo que es así determinado. "Los andaluces, graciosos"; "los niños, brutos"; "las niñas, cursis".
Sobre la banda sonora dijo que «es una "sopa espesa de alboroto de criaturas de la noche"» y que los arreglos de Simonetti eran «hilarantemente cursis y anticuados».
los originales de Madonna, con la excepción de "Vogue", están todos acompañados por teclados cursis y fríos, como si los hubiese grabado en la cochera de alguien».
Y para los que aguardan, si aún les queda la gana de esperar, sucumbe una vez más la ilusión; esa burda masturbante de los trasnochados cursis.
Señor del junto y del cerca, -la hermandad- ilumina su nocturno vuelco, y el mío, hacia las esferas de tu don silente; fulgurante en los bullicios de tus auras… aunque a misérrimos de engreimientos y de odios, -nunca supieron amar- les parezcan osamentas cursis.
Viejos verdes, niñas cursis, mamás grotescas, canónigos egoístas, pollos empalagosos, indianos soeces y avaros, caballeros sospechosos, maníacos insufribles, enfermos repugnantes, ¡peste de clase media!
Las institutrices y damas de compañía que a veces tienen que ir con las muchachas o con los niños, en los bailes infantiles, y a quienes no se decide nadie a dar la mano, aunque ellas hacen sus conatos de adelantarla tímidamente; las parientas pobres, insignificantes, embutidas en un traje mil veces remendado y que fue desecho de su rica parienta; las feas de solemnidad, a las cuales nadie lleva el buffet ni da un rato de palique: las cursis francamente cursis, que parece que tienen la peste y van mendigando un saludo y una palabra..., y, sobre todo, los músicos.
Añádase a esto el grato calor de intimidad que en el paraíso une a gentes que, acabada la temporada de ópera, no vuelven a verse en todo el año; el gusto de estar en contacto perpetuo con hermosas cursis, tan amables que, mientras llegaba, me guardaban el sitio, colocando en él sus abrigos para señal; la sección de chismografía y despellejamiento de las damas de alto coturno que, a vista de pájaro, distinguíamos tan orondas, y a veces tan aburridas, en sus palcos forrados de carmesí, entre un mar de caliente luz y un vago centelleo de pedrerías; el placer de sudar mientras fuera nevaba; otras mil ventajas y atractivos que el paraíso reúne, y diga cualquiera si no había yo de pasarlo bien en mi rinconcito.
Inventos cortesanos del hastío, artesanos de los ocios por negocios, parquedad esbelta de su burdo delta, rosas cursis de la ganga cotidiana, pero más en febreros de a catorce como enganche de amor...
–afectiva ficción de falo satisfecho– –compraventa rococó de los amores vaginales– y troncaron las efigies cursis del recuerdo en presencias empuñadas para encender la marcha...
¡Ah, mi conciencia clavada en las torpes dignidades, en las cursis gratitudes, en los ateísmos bestias y en la honestidad inútil!