curita


También se encuentra en: Sinónimos.

curita

s. f. Amér. Tira de esparadrapo con un preparado desinfectante en su centro, que se usa para proteger heridas pequeñas. tirita
Traducciones

curita

Pflaster, Wundschnellverband, Heftpflaster

curita

pansement

curita

plaster

curita

leukoplast, náplast

curita

plaster

curita

laastari

curita

flaster

curita

cerotto

curita

バンドエイド, 絆創膏

curita

반창고

curita

pleister

curita

plåster

curita

ผ้าพลาสเตอร์, พลาสเตอร์ปิดแผล

curita

băng dính y tế, băng keo cá nhân

curita

SF (LAm) → plaster, sticking plaster, Band-Aid ® (EEUU)

curita

f. bandaid.

curita

f (Amer) small adhesive bandage
Ejemplos ?
Riose su excelencia de las pudibundas alarmas del buen párroco, y díjole: -Mira, curita, así como a ustedes no se les puede prohibir que digan la misa en latín, lengua que ni el sacristán les entiende, tampoco se puede negar al soldado el privilegio de hablar gordo.
1981: Mi socio, de Paolo Agazzi; como Vito 1995: Cuestión de fe, de Marcos Loayza; como el curita, video en el sitio web YouTube.
Cada vez que subía al púlpito algún jesuita, de estos que tienen pico de oro y lengua de fuego para echar pestes contra las impiedades de Draper y Straus (en Marineda perfectamente desconocidas), o algún curita joven vaciado en moldes castelarinos...
"El curita de Aguedita" llamábalo todo el mundo, y en mucho tiempo no se habló de otra cosa que de sus virtudes, austeridades y penitencias.
Convencida de que no existía cura ni trajinero que se atreviese a salir solo de Cebre a tales horas, había licenciado hasta la mañana siguiente a su gavilla y se retiraba; al ver un barbilindo de curita que se aventuraba en el camino, había querido jugarle una pasada; pero el ruido del gatillo la hacía temblar y le aconsejaba como único recurso la fuga.
El curita de Aguedita se iba por esas mangas en busca de las soledades, para hablar con su Dios y echarle unos párrafos de "Imitación de Cristo", obra que a estas andanzas y aislamientos siempre llevaba consigo.
Y como el perfume de las virtudes y el olor de santidad siempre tuvieron tanta magia, Damián, con ser un bicho raquítico, arrugado y enteco, aviejado y paliducho de rostro, muy rodillijunto y patiabierto, muy contraído de pecho y maletón, con una figurilla que más parecía de feto que de muchacho, resultó hasta bonito e interesante. Ya no fue curita: fue "San Antoñito".
El curita ayunaba témporas y cuaresmas antes que su Santa Madre Iglesia se lo ordenase, pues apenas entraba por los quince; y no así, atracándose con el mediodía y comiendo a cada rato como se estila hogaño, sino con una frugalidad eminentemente franciscana; y se dieron veces en que el ayuno fuera al traspaso cerrado.
Toíto esto fué corruto en el pueblo, y los mismos qu'él protegía, los mismitos que mataron la hambre con su comida, prencipiaron a mormurar. Tan solamente el curita del pueblo lo defendía; pero nadie le creyó, como si fuera algún embustero.
El curita, que era un socarrón de encargo, empezó por endulzar al sacristán con un par de cañitas de manzanilla y unas copas del tinto de Rota, y luego lo hizo firmar un contrato con arreglo al cual el párroco le pagaría semanalmente seis reales vellón por cada repique, pero en cambio el campanero pagaría al cura dos reales vellón por cada doble.
Éste, que había meditado largo y resuéltose a ser canónigo, le dijo: -Conque, José Luis, eso de la canonjía ¿es verdad o bufonada? -Lo dicho, dicho, curita; pero no hay canonjía sin un taco enérgico.
La mujer pegó un salto, y en su atezado rostro, que alumbraban los últimos reflejos del Poniente, se pintó una especie de terror animal, el espanto del lobo cogido en la trampa. No podía el curita adivinar la causa de este fenómeno, en la capitana extraño.