cuidarse de

Traducciones

cuidarse de

careabout, takecareof
Ejemplos ?
Para evolucionar es preciso ser libre y no podemos tener libertad si no somos rebeldes, porque nunca tirano alguno ha respetado a los pueblos pasivos; jamás un rebaño de carneros se ha impuesto con la majestad de su número inofensivo, al lobo que bonitamente los devora sin cuidarse de otro derecho que el de sus dientes.
A veces procedían de gente del pueblo, majos patilludos, tíos de avinagrada jeta y remendado calzón, gitanos astrosos, que la oleaban en la misma cara del marido, sin cuidarse de que le pareciese bien ni mal.
Con razón, pues, todo el linaje humano, sin cuidarse de unos pocos contradictores, atento sólo a la ley de la naturaleza, en esta misma ley encuentra el fundamento de la división de los bienes y solemnemente, por la práctica de todos los tiempos, consagró la propiedad privada como muy conforme a la naturaleza humana, así como a la pacífica y tranquila convivencia social.
Por lo cual, todo católico, al ser también ciudadano, tiene el derecho y la obligación, sin cuidarse de la autoridad de la Iglesia, pospuestos los deseos, consejos y preceptos de ésta, y aun despreciadas sus reprensiones, de hacer lo que juzgue más conveniente para utilidad de la patria.
Pasado éste, y sin cuidarse de averiguar lo ocurrido en la población, volvió aquella gentuza a meterse en el chiribitil y a continuar el fandango.
Se encontró en el camino de la casa de juego a un compañero de garito, muy rico, porque prestaba a los que comenzaban tal carrera de perdición, sin cuidarse de que le devolviesen el dinero, sobre todo a los jóvenes, si dudaban en abandonar un vicio que siempre empobrece y acanalla y nunca enriquece.
Epodo CORO: Te hablo así por benevolencia, aconsejándote como una buena madre, para que no aumentes tu mal con otros males. ELECTRA: ¿Hay una medida para mi dolor? ¿Está bien no cuidarse de los muertos? ¿Dónde está el hombre que piensa así?
Cuando el azul del cielo reavivaba a París; cuando los parisienses se paseaban sin cuidarse de la mercería, «¡Mal tiempo para la venta!», decía el imbécil patrón.
Fumaba un gran cigarro habano, escupía por el colmillo, y haciendo una gran reverencia a don Braulio, sin cuidarse de su grave y digna compañera, exclamó: -Señor de too mi respeto, es necesarioo que hoy, si osté lo consiente y no le parese mal, fagamos las coentas, porque miñana por la miñana me facía coenta darme a la vela pral Ferrol.
Sin cuidarse de que el borde de su pollera se ensuciaba en la humedad del cuchitril, inclinábase aderezando los enseres que se llevaría.
Bolívar, que ambicionaba la monarquía sin la palabra mo- narca, esto es, la vitalicia; Bolívar, que, según una feliz expre- sión del doctor Mariátegui, hablaba como Washington y pro- cedía como Atila, vio un útil auxiliar en Monteagudo y lo trajo del destierro, sin cuidarse de hacer derogar antes la ley quje perpetuamente lo alejaba del país.
El hambre, la miseria, compañera fatídica de aquél que en la lucha por la vida está predestinado, por el mero hecho de nacer de un vientre proletario, a sobrellevar sobre sus encorvados hombros el peso de todas las injusticias sociales, los rigores de todas las inclemencias de la madrastra Natura y las ambiciones de los explotadores que se sirven de él y especulan con su carne miserable, sin cuidarse de ver que esa masa carnosa llamada «obrero» que da su cerebro a la bruta y patente máquina de hierro que carece de él...