Ejemplos ?
Mientras Selme revolvía la alacena, fueron entrando comadres y mocitas aldeanas, porque ya sabían el regreso del cantero con el ataúd a cuestas, y les picaba curiosidad de ver la caja bonita, un objeto de lujo.
Con su Emperador a cuestas, había pasado de un salto por encima del caballo de su adversario caído, había salvado la corona de oro de su soberano y también su vida, más valiosa aún que la corona.
Le juro, mi querido doctor, que ni registrando con una linterna todos los países musulmanes descubriremos una sola mujer que se eche a cuestas tal traje.
Fuese avergonzada y llorosa la Princesa con su jorobado, y andando y más andando llegaron a un río, que tenían que vadear. -Tómame a cuestas y pásame el río, que para eso eres mi mujer -le dijo el viejo.
cuesta arriba..., cuesta arriba... -Hombre, que usté ya no está pa esas cuestas arriba, sino pa cuestas abajo, y... vamos a lo que me importa, ¡que yo necesito pa esta noche sin falta mi par de botas imperiales!
Las mocitas habían aprovechado la ocasión para meter el cuerpo en la caja. Selme la cerró y la tomó a cuestas; ya pesaba doble, pero a bien que hasta el camposanto el viaje era corto.
Y se alejaba sin mudarse de su sitio... Y en su desnudez volátil afrontaba valeroso los peligros, sin desmayar en el vértigo de su lid a cuestas...
Matan el caso exacto de la estatua, al sabio, a su bastón, a su colega, al barbero de al lado -me cortó posiblemente, pero buen hombre y, luego, infortunado; al mendigo que ayer cantaba enfrente, a la enfermera que hoy pasó llorando, al sacerdote a cuestas con la altura tenaz de sus rodillas...
Tenia aquel castillo Todo en redor del monte en que se alzaba Un frondoso y ameno parquecillo Donde una arroyo limpio murmuraba; Y entre guijas bullendo, Por entre árboles mil serpenteando, Ya en remansos sus aguas deteniendo, Ya por cuestas sus aguas despeñando, El parque por do quier iba cubriendo De gruesos chopos ó de cesped blando Dando al par su corriente cristalina Música y sombra á la mansion vecina.
La verdad es que, en cuestión de amorosos trapicheos, nun- ca dio su señoría un cuarto al pregonero; pues, con cerca de medio siglo á cuestas, no fué de aquellos mancarrones con más mañas y marraquetas que muía de alquiler, por los que se ha escrito: que son como los membrillos, mientras más viejos más amarillos.
1 anto se ha abusado del juramento, y básele revestido de carácter tan rutinario empleándolo á roso y belloso, hasta l-iira trivialidades, que por tal tengo el reconocimiento de una caria en asunto sin importancia real, que ha llegado á pasar con él lo que con las excomuniones: que ya á nadie preocu- pan y desvelan, ni hay quien niegue al excomulgado la sal, el agua y un cigarrillo. Casi es título á la consideración pú- blica el llevar á cuestas siquiera un par de excomuniones.
Entonces la Reserva, vieja figura, se tuvo como algo marginal. Hemos hecho esfuerzos para levantarla, colocarla en un nivel, en un pedestal, pero con esa rémora a cuestas.