cubera

cubera

s. f. Cuba, P. Rico ZOOLOGÍA Pez de color blanquecino por el vientre y aceitunado por el lomo, de ojos rodeados por un círculo amarillo.
NOTA: Nombre científico: (Lutianus pargus.)
Ejemplos ?
De todos modos, en los valles de Somorrostro y Baracaldo los hay ya ligeros, pero sumamente sanos y agradables, que son una verdadera riqueza para el país, pues se venden en la cubera de diez y seis a veinticuatro reales la cántara y los compradores exceden a los vendedores.
Desde primeros de agosto a fin de octubre iríamos llenando la casa de trigo, de maíz, de alubias, de patatas, de manzanas, de castañas y de nueces, y con todo esto y el ítem del par de cerditos que reventarían de gordos en la cuadra, y el par de barricas de vino que trascenderían a gloria en la cubera, ¡ya podían venir lluvias y nieves y fríos y truenos y relámpagos durante el invierno, y la primavera, que a nosotros poco cuidado se nos había de dar!
Dios le dé mucha salud al franchute, y a mí me la conserve para que Josetón concluya de burlarse de mí llamando a la fuente del avellanal la cubera de Ayende.
Aquélla era la fuente que Josetón llamaba en otro tiempo la cubera de Allende, y aún se lo llamaba, burlándose primero de que no se cosechaba vino, y después de que se cosechaba poco.
Al día siguiente fue a la viña, donde ya había algunos racimos maduros, y volvió, trayéndose aquellos racimos, con los que se encerró en la cubera.
Lorenzo, después de vendimiar él y Turis la viñita, por cierto con excelente sazón, se encerró una porción de días en la cubera, a la que Turis y él subieron durante aquellos días, o mejor dicho, aquellas noches, centenares de herradas y calderas de agua de la fuente del Avellanal.
Lo que en la cubera hizo Lorenzo aquel día y los dos o tres siguientes, ni la misma Turis lo supo; pero lo cierto es que el telégrafo jugó mucho, que uno de los telegramas de Lorenzo fue éste: «Antes de Nochebuena nos casamos, con la bendición de de tu padre»; que Ramonilla y Lorenzo, de alegría, no cabían en el pellejo; que Lorenzo fue a Bilbao con el carro, que volvió de noche trayendo muy disimuladamente unos sacos de azúcar que encerró en la cubera, y que con igual disimulo fue después proveyéndose de cubas vacías para una cosecha tan grande como la de Josetón.
Josetón, lejos de demostrar disgusto al verle, mostró satisfacción, porque ansiaba, como quien dice, pasarle por los hocicos el rimero de cubas llenas que tenía en su cubera, para que se muriera de envidia comparando aquellas cubas con el par de ellas que Josetón suponía en la cubera de Allende.
-Sí, una casa que cabe en la mi cubera, unas piezas que dan cebera para engordar al de la vista baja, y una viña que da vino para las vinajeras de Montaño, donde hay misa una vez al año.
-Así como hice una viña en que cojo cincuenta o más cántaras, puedo ir haciendo otras, aunque sea tomando terreno del común, y coger quinientas o más... -Te he dicho y te repito, que mientras no tengas quinientas en tu cubera no te casas con Ramonilla.
Si Lorenzo no creyó conveniente dar a conocer ni aun al que iba a ser su suegro las instrucciones con que tan maravillosamente había multiplicado el vino de su cubera, el escritor público, que no debe contentarse con aspirar a deleitar, pues debe aspirar también a instruir, no se halla en el caso que Lorenzo.
-¿Y por Aquende? -Ahora lo verás y lo probarás -dijo Josetón encaminándose a la cubera-. Chica -añadió a Ramonilla, que andaba por arriba derritiéndose por hablar con su novio cara a cara, como Dios manda -bájate una jarra, un vaso y algo que echar a perder.