cuartucho

cuartucho

s. m. despectivo Habitación pequeña y pobre vive en un cuartucho de mala muerte.

cuartucho

 
m. Vivienda o cuarto malo y pequeño.
Traducciones

cuartucho

SM (= habitación) → poky little room; (= casucha) → hovel
Ejemplos ?
Casi analfabeta, con un imaginario religioso primitivo forjado entre monjas beatas, fue acumulando en su vida dolor, esperanzas religiosas, y sueños de un vano amor perdido.Al terminar su labores, por las que apenas le pagaban unos centavos para pagar su cuartucho donde dormía, salía al campo para abrazar y hablar a los árboles y las flores.En esa época pinta por las noches plantas y flores en pequeños rectángulos de madera, sin pensar que sus obras podrían tener algún valor comercial.
La cámara no se intimida en seguirlos hasta su propio cuartucho y desvelar en detalle la miseria en la que viven, siendo partícipe de las charlas íntimas que mantienen constantemente y que mutan con facilidad del diálogo cariñoso al reproche y a la discusión ofensiva.
Desde el día de su nacimiento estuvo en la mayor miseria; todo lo que pudo hacer en su vida fue cruzar su diminuto cuartucho sostenido en dos muletas; su felicidad no pasó de aquí.
Dommergues) = Érase una vez… (cualquier narrador que se precie en nuestro país de Auvegne debe comenzar así), érase una vez que en el pueblo de Broque-Pou (no lejos de Aurillac había una mujer viuda, pobre y anciana, que vivía con su hijo en un cuartucho miserable.
Y, como su obligación había terminado, desató el mandil, colgó el gorro, revuelto con él, en el cuartucho donde hacinaban ropa y paños sucios, tomó de la percha la capa y el sombrero y saltó, dos a dos, los peldaños de la escalera de servicio.
su cuchitril no se le hacía ya tan triste ni tan feo. Y la pobre, autosugestionada por esta idea, ya ponía algún esmero en el aseo y arreglo del cuartucho.
- Andá llámame a esa boba. Y, tirando corredor adentro, se coló al cuartucho. Debajo de la cama pendiente de unos rejos, oscilaba la batea.
¡Si ella pudiera trasplantar su mata sobre su sepultura! Un día llegó furioso el dueño del cuartucho. Sólo a una malvada como ella se le ocurría poner ese matorral, para tumbar el cuarto con la humedad.
En el cuartucho destartalado de nuestras alegres reuniones, guardaba el yeso de las paredes, entre los esbozos y rasgos de futuros Clays, versos, estrofas enteras escritas en la letra echada y gruesa de nuestro amado pájaro azul.
El capitán Ramírez era de ese número de holgazanes y sinverguenzas; casado con una virtuosa y sufrida muchacha, habitaba el matrimonio un miserable cuartucho, en el callejoncito de Los Diablos AzuIes, situado en la calle ancha de Malambo.
Se quiso ponerlo a la escuela desde grandecito; pero los miserables no deben aprender a leer cuando se llora de hambre en el cuartucho.
Pálidos, asustados, entristecidos, al día siguiente, todos los parroquianos del Café Plombier que metíamos tanta bulla en aquel cuartucho destartalado, nos hallábamos en la habitación de Garcín.