cuñada

Traducciones

cuñada

švagrová

cuñada

svigerinde

cuñada

käly

cuñada

šogorica

cuñada

cognata

cuñada

義理の姉妹

cuñada

시누이

cuñada

schoonzus

cuñada

svigerinne

cuñada

szwagierka

cuñada

cunhada

cuñada

svägerska

cuñada

น้องสะใภ้หรือพี่สะใภ้

cuñada

elti

cuñada

chị em vợ
Ejemplos ?
Y de don Alonso entonces ya no tienen resistencia los enojados hermanos, y entre sus brazos lo estrechan; y despojándose afables de anillos y de cadenas, unos dan a su cuñada, otros en los niños cuelgan.
Y siendo cual eres, ¿reuniste a tus amigos, surcaste los mares en ligeros buques, visitaste a extranjeros, y trajiste de remota tierra una mujer linda, esposa y cuñada de hombres belicosos, que es una gran plaga para tu padre, la ciudad y el pueblo todo, causa de gozo para los enemigos y una vergüenza para ti mismo?
Entonces la mensajera Iris fue en busca de Helena, la de níveos brazos, tomando la figura de su cuñada Laódice mujer del rey Helicaón Antenórida, que era la más hermosa de las hijas de Príamo.
La llevaron al salón con muchos aspavientos de bienvenida, y ella, solemnemente, saludó a mi madre como a una nueva y cercana parienta. Después, mirándome, dijo: -¿Es este su hijo, cuñada mía?
Pero, en cambio, me enamoré perdidamente de su hermana Inesilla. Mi pasión por ella creció de tal modo que no tardé en arrojarme a los pies de mi padre para pedirle la mano de su cuñada.
Por aquel tiempo mi padre decidió hacer un viaje a Madrid, con el propósito de conseguir la plaza de corregidor de Córdoba, y llevó consigo a su mujer y a su cuñada.
Prosigamos; que, también, Don Duarte, yo tengo allá una mensajera con su traza y invención. Toquera Mari-Ramírez, un billete me llevó para la cuñada vuestra, que ya este nombre le doy.
103 Allí era aquél que la casta cuñada fizo por fuerça non ser más donzella, comiendo su fijo en pago de aquélla que por dos maneras d'él fue desflorada; e vimos en forma muy mal aviltada ser con Macareo la triste Canaçe, de los quales amos un fijo tal naçe que la humana vida dexó injuriada.
Todas las cuadrillas de la víspera estaban cambiadas, tanto los individuos como los vestidos, y nuestros amigos tenían por compañeras de canapé, el duque a Alina, hija del obispo y por consiguiente, ¡por lo menos, sobrina del duque!, el obispo a su cuñada Constanza, mujer del duque e hija de Durcet; Durcet a Julia, hija del duque y mujer del presidente, y Curval, para despertarse y reanimarse un poco, a su hija Adelaida, mujer de Durcet, una de las criaturas del mundo a quien más le gustaba molestar a causa de su virtud y devoción.
Había tenido enredos con su cuñada, y los dos hermanos sabían sin lugar a dudas que la existencia de esta joven que se llamaba Alina se debía ciertamente más al obispo que al duque; el obispo, que se había preocupado de Alina desde el día de su nacimiento, no la había visto llegar a la edad de los encantos sin haber querida gozarlos, como es de suponer.
Por más que la infeliz se lamentaba y declaraba en alta voz, como era verdad, que ella no era concubina y que este desenfrenado furor era infundado, pues eran hermanos, su cuñada la increpaba llamándola embustera e hopócrita.
El enamorado esté advertido, que queda dicho mi nombre y el color de mi vestido. Yo los sesos me devano y en pensar me vuelvo loca, la suegra de mi cuñada, ¿qué parentesco me toca?