crujiente


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crujiente

adj. Que cruje.

crujiente

 
adj. Que cruje.

crujiente

(kɾu'xjente)
abreviación
que cruje pan crujiente
Traducciones

crujiente

croccante

crujiente

هَشّ

crujiente

křehký, křupavý

crujiente

sprød

crujiente

knackig, knusprig

crujiente

rapea, tuore

crujiente

hrskav

crujiente

パリパリした, パリパリする

crujiente

바삭바삭한

crujiente

knapperig

crujiente

sprø, sprøstekt

crujiente

chrupki, kruchy

crujiente

crocante

crujiente

frasig, knaprig

crujiente

กรอบ, อย่างกรอบ

crujiente

çıtır, taze

crujiente

giòn

crujiente

脆的

crujiente

ADJ [galleta] → crunchy; [pan] → crunchy, crusty; [seda] → rustling; [madera] → creaking
Ejemplos ?
EL PAN BATIDO ¡Que aroma tan embriagador, cautiva, encanta y fascina; dan ganas de degustarlo, recién salido de la hornilla¡. Es la indescriptible seducción; que nuestro “Pan Batido” nos brinda; cuando humeante y crujiente, se presenta en canastillas.
La voluntad emperatriz altiva, prestó a Yanko inventiva para hacer un violín débil, crujiente, cual hecho de un caballo con las crines y con ramas de verdes limoneros; violín tan semejante a los violines como un trozo de vidrio a los luceros… Mas, ¡ay!, en tal violín fue el llanto queja, y fue la queja destemplado grito: ¡cual ruiseñor no gime la corneja ni anida la endecha seductora en un violín que llora cuando canta, en un violín que chilla cuando llora!
¡Si alzándote una vez, Aun te pluguiera ostentar La perdida esplendidez, Y quisieras tu hediondez Con tu vida engalanar; Y prendieras en tu frente Unos cabellos postizos Que en madeja reluciente Cayeran confusamente En mil perfumados rizos; Y el esqueleto sonoro Velaras altiva tú Con minucioso decoro Entre nácar, perlas y oro Y entre crujiente tisú; Cubrieras el seco cuello Entre las flotantes plumas, Los collares y el cabello, Velos echando sobre ello Tan sutiles como espumas; Y el repugnante mohín Da tu inmoble rostro viejo, Con esa risa sin fin Asomaras a un festín, Tomándole por espejo!
En esto, en el aposento, la faz amante, risueña, el ferreruelo forrado de blanca y crujiente seda, dorado estoque, y de plumas linda gorra en la cabeza, entró don Bustos Ramírez en apostura altanera.
En este cansancio aplastante se adivina un nuevo suplicio, el de ir vestidos con las ropas guardadas durante muchos años para las grandes ceremonias de la vida: ella con falda de seda dura y crujiente; él puesto de levita y paletó de invierno.
¡Os complacéis en modelar una mujer con un poco de barro; cifráis en esa mujer toda vuestra poesía; redondeáis sus formas; coloreáis su semblante; ponéis la luz del sol en sus ojos; plegáis sus labios como una rosa y los animáis con un eterno beso; la empaquetáis luego en un corsé, la vestís de crujiente seda, la perfumáis con agua de colonia, y la hacéis aparecerse al hombre como una hada, como una sílfide, como una musa!
Estado indica permanencia, fijeza, carácter que por su invariabilidad viene a ser natural e inherente al individuo; y aún por eso decimos que el del matrimonio es un estado, dando a entender que esta cadena orinecida, pesada y crujiente, ni el diablo la puede romper, ni el mísero mortal suspenderla en la puerta de su casa e irse por el mundo libre y suelto.
Velan y ciñen las sagradas turgencias de sus formas un pañuelo de seda, purpurino, y un blanco traje de percal, crujiente completando su linda vestidura el manto brillador de sus cabellos que desatados por su espalda ruedan.
-Los dejaremos para el invierno -replicó el viejo-. Nos hablarás del abeto y del abedul, de los regalos de los espíritus y de la helada crujiente.
"Atribuí su silencio a que estaba fatigado, como yo también comenzaba a estarlo de caminar continuamente sobre una crujiente alfombra de hojas secas o podridas, cuyos vahos penetraban por las narices hasta martillear su neuralgia en las sienes.
Y María eligió rápida y con juvenil desembarazo el sombrero de Joseíto entre los que le ofrecían todos los invitados, se lo colocó con truhanesca desenvoltura sobre el pelo lleno de flores, y mientras los de las guitarras arrancaban al cordaje y de modo casi maravilloso uno de los tangos más en boga, plantóse ella en el centro de la sala, recogiéndose con estudiada malicia la crujiente falda de percal hasta dejar al descubierto los microscópicos pies pulidamente calzados.
Y después de hablar así, recogió en la boca al hombre, que proseguía desmayado, y trepó con él a lo más alto del cañaveral, donde lo dejó atado entre dos bambúes. Luego prendió fuego a las hojas secas del suelo, y pronto una llamarada crujiente ascendió.