crujía


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crujía

(Del ital. corsia < corsio < corso, curso.)
1. s. f. ARQUITECTURA Pieza de paso de un edificio, desde la cual se accede a otras piezas o habitaciones situadas a ambos lados. corredor, pasillo
2. ARQUITECTURA Paso cerrado con verjas o barandillas, desde el coro hasta el presbiterio de algunas catedrales.
3. ARQUITECTURA Espacio comprendido entre dos muros de carga.
4. NÁUTICA Camino en medio del barco, de proa a popa.
5. NÁUTICA Pasamano, paso de popa a proa junto a la borda.

crujía

 
f. Corredor largo de un edificio, que da acceso a piezas situadas a ambos lados.
Sala larga de un hospital con camas a ambos lados.
Pasar crujía, o sufrir una crujía. loc. fig.Padecer trabajos o males de alguna duración.
arq. Espacio comprendido entre dos muros de carga o paredes maestras.
mar. Espacio de popa o proa en medio de la cubierta.
Sinónimos

crujía

sustantivo femenino
Traducciones

crujía

bay

crujía

SF (Arquit) → corridor, gallery (Med) → ward (Náut) → midship gangway; [de cárcel] → wing
pasar crujíato have a tough time of it
Ejemplos ?
Los cristales no se deshelaban, y él no podía ver a su amada. Crujía y rechinaba; hacía un tiempo ideal para un hombre de nieve, y, sin embargo, el nuestro no estaba contento.
Las aguas se enturbiaron y la barca se conmovió, como si alguien, con fuerza colosal, tiráse de ella, deteniéndola en su marcha e intentando hacerla zozobrar. La cubierta se bamboleaba como si huyese bajo los pies de los tripulantes, y el mástil crujía a impulsos de la hinchada vela.
Le apellidaban el Padre Postas porque, cuando se entusiasmaba en sus sermones y quería ponderar la violencia y rapidez con que los demonios se llevan al infierno a los pecadores empedernidos, decía, ya que entonces no había aún ferrocarriles, que se los llevan en postas, y para explicarlo mejor, montaba a caballo en la delantera del púlpito, agitaba el cordón que ceñía sus hábitos como si fuese un látigo y le crujía y daba golpes diciendo...
-Un paredón negro y derruido que contrasta notablemente con los rojos tejados y las blancas azoteas del pueblo. -Es el último resto de los muros de un edificio que en tiempo del terror se denominaba: la Crujía.
Sobre su ropa blanca, perfumada de foin, crujía la seda musgo del traje, antiguo para la elegante marquesa, en realidad casi de última moda, primorosamente adornado con bordados verde pálido y rosas en ligera guirnalda; en la cabeza, un lazo de lentejuela hacía resaltar el brillo del pelo castaño, rizado con arte.
Pero Chaveta, que había quedado desmejoradísimo desde la crujía, anunció que regresaba a Madrid; y con su marcha y la satisfacción de no haberse muerto, renació la alegría entre las parejas, que de allí a poco volvieron a merendar al bosque.
La barca crujía a los embates del mar, de modo cada vez más amenazador; el patrón meditaba con los brazos cruzados sobre el pecho y la desesperación retratada en el atezado rostro.
Para algunos, entre ellos un elegante asiduo a las tertulias de té, resultaba sospechoso el que Olimpia estornudase con más frecuencia que bostezaba, lo cual iba contra todas las reglas. Aquello era debido, según el elegante, al mecanismo interior que crujía de una manera distinta, etcétera.
Iban los remos igualados en la crujía y toda la gente sentada por los bancos y ballesteras, sin que en toda la galeota se descubriese otra persona que la del cómitre, que por más seguridad suya se hizo atar fuertemente al estanterol.
Estábanlos mirando Ricardo y Mahamut, que de cuando en cuando sacaban la cabeza por el escutillón de la cámara de popa, por ver en qué paraba aquella grande herrería que sonaba; y, viendo cómo los turcos estaban casi todos muertos, y los vivos malheridos, y cuán fácilmente se podía dar cabo de todos, llamó a Mahamut y a dos sobrinos de Halima, que ella había hecho embarcar consigo para que ayudasen a levantar el bajel, y con ellos y con su padre, tomando alfanjes de los muertos, saltaron en crujía; y, apellidando ¡libertad, libertad!
Antes de entrar en el puerto, hizo Ricardo disparar las piezas de la galeota, que eran un cañón de crujía y dos falconetes; respondió la ciudad con otras tantas.
Emma se ceñía el chal a los hombros y se levantaba. En la avenida, una luz verde proyectada por el follaje iluminaba el musgo raso, que crujía suavemente bajo sus pies.