crepúsculo


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crepúsculo

(Del lat. crepusculum.)
1. s. m. Luz que se ve antes de la salida del sol y después de su puesta el crepúsculo les sirvió para ocultarse de la guardia. alba, albor
2. Tiempo que dura esta luz.
3. Decadencia o declinación de las personas o de las cosas en el crepúsculo de su vida aún produjo varias obras; el crepúsculo de una civilización. decrepitud

crepúsculo

 
m. Claridad que hay desde que raya el día hasta que sale el Sol, y desde que este se pone hasta que es de noche.
Tiempo que dura esta claridad.
fig.Decadencia.

crepúsculo

(kɾe'puskulo)
sustantivo masculino
1. resplandor que hay al amanecer y al atardecer La luz del crepúsculo hacía ver distintos los paisajes.
2. período de tiempo que dura ese resplandor caminar en el crepúsculo
3. declive o caída de algo o alguien el crepúsculo de un imperio
Sinónimos

crepúsculo

sustantivo masculino
Traducciones

crepúsculo

západ slunce

crepúsculo

solnedgang

crepúsculo

auringonlasku

crepúsculo

zalazak sunca

crepúsculo

日没

crepúsculo

일몰

crepúsculo

zonsondergang

crepúsculo

solnedgang

crepúsculo

zachód słońca

crepúsculo

solnedgång

crepúsculo

พระอาทิตย์ตก

crepúsculo

gün batımı

crepúsculo

hoàng hôn

crepúsculo

日落

crepúsculo

Здрач

crepúsculo

SMtwilight, dusk
Ejemplos ?
Vengan con nosotros y esparcien sus miradas por la radiante perspectiva que embellecen los viñedos en los declives de la montaña, el verdinegro olivar entre cuyas ramas deja oír la tórtola solitaria su ronco arrullo; el áureo rastrojo, en que el ganado sestea; los blancos caseríos y las eras limpísimas, donde llegado que sea el crepúsculo vespertino, rendirán las resecas mieses su grano de oro a los rudos requerimientos de la cobra regida por el trillador, que turbará la solemne quietud del atardecer con sus canciones.
Los tonos del crepúsculo pintaban los celajes de incopiables irisaciones, de opalinas transparencias; tras las enhiestas cumbres habíase hundido el sol dejando a su paso los últimos vaporosos pliegues de oro de su esplendorosa clámide; el valle adormecíase al conjuro de las primeras vaguedades precursoras de la noche; empezaban a esfumarse los contornos de los caseríos y de la arboleda; de vez en cuando turbaba el silencio la voz de alguno de los campesinos, que hablaba a distancia, o el rumoroso tintineo de las esquilas del ganado conducido a los apriscos por los pastores; algo dulce y sedante iba adueñándose del panorama, y allá en lo más hondo de etéreos abismos iban apareciendo los luceros y las estrellas, que parecían parpadear rutilantes y misteriosos.
Desde que recibí su carta, había adquirido el hábito de rondar su vecindad, y así descubrí que a la hora del crepúsculo solía dar un paseo, acompañada únicamente por un negro de librea, por una plaza pública.
Amor… un minuto en el rincón de los horarios; frágil crepúsculo de sueños tributarios donde apenas si bostezan llantos torvos sus deseos de plenitud cayendo corvos.
Los manantiales cantan. Frente al ancho crepúsculo de invierno mi corazón soñaba. ¿Quién pudiera entender los manantiales, el secreto del agua recién nacida, ese cantar oculto a todas las miradas del espíritu, dulce melodía más allá de las almas?...
Todo se fundía en abrazo magnifícente y supremo: Crepúsculo y dulzura rítmica; añoranza lumínica y ritornelos de vida; íntima beldad entre el paso de las horas.
Mi corazón exulta dentro de mí y es dulce el aliento de la brisa que pasa. »Del alba al crepúsculo, permanezco ante mi puerta. Sé que de pronto llegará el momento venturoso en que podré ver.
Habían logrado hacerla ya tan alta, que las nubes impedían en ocasiones, ver donde terminaba y como la iban pintando del color solar, el color del ladrillo, una matiz del anaranjado, como el del crepúsculo, asemejaba un enorme rayo de sol que se extendiera al tocar el suelo.
Vigo los ve que en el tapiz se extienden y poco a poco a la pared avanzan, y la frisan y trepan por sus lienzos, hasta que el techo trémulos asaltan; y allí, en mil arabescos caprichosos de mil colores y ondulantes rayas, vacilan, se confunden, se amortiguan, y se van con el sol, que ser les daba; y queda el aposento tibiamente iluminado con la tinta pálida, desleída, uniforme y fugitiva del nocturno crepúsculo que baja.
Cumplió su efímero curso el sol, y ya casi muerto, en túmulos de escarlata lutos cortaba el silencio, cuando la enferma, ya sana, después que gastó en remedios lo que el día en aplicarlos, en crepúsculo los cielos y ella en los de su mongil, volvió a caminar, siguiendo, girasol de su hermosura, mis pasos su movimiento, adelantándome ya, ya tal vez retrocediendo, todo espuelas el amor, todo riendas el respeto.
El crepúsculo mengua; más espesa se extiende cada vez la sombra parda; las tinieblas que caen sobre la tierra, creciendo sin cesar, el día apagan; Vigo, no más en su visión absorto y en su febril deseo de evocarla, sus ojos en la sombra ya incolora, por si la torna a ver, avaro clava.
«Sí, estará malo, fijamente estará malo», pensaba algunas horas después llena de profunda inquietud Dolores, al par que registraba con sus hermosísimos ojos las verdes frondas del huerto; y cuando ya las melancólicas claridades del crepúsculo empezaban a matizar de misteriosas tonalidades el espacio...