Ejemplos ?
Respóndenos". Jesús respondió: "Si se lo digo, ustedes no me creerán, 68. y si les hago alguna pregunta, ustedes no me contestarán.
48. Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.» 49.
Si enseñas a los necios nuevas y profundas doctrinas, creerán que para nada sirves y que no eres sabio; y hasta aquellos que estiman lo que sabes, si te creen superior, te aborrecerán porque los molestas.
porque este hombre hace muchas señales. 48 Si le dejamos así, todos creerán en él: y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación.
Sócrates: En cuanto al oído y la vista, en cuanto al movimiento que tuviese la propiedad de moverse, al calor que tuviese el de calentarse y todas las cosas de este género, muchas personas no querrían creerlo, pero quizá otras lo creerán.
Pues bien; Guido y Balcarce, asumiendo una actitud evidentemente pasible de responsabilidades, siguieron la negociación que culminaría en el Tratado de agosto y explicaban su decisión de desobediencia diciendo a Dorrego “ que cuanto mayores sean esos progresos (aludían a los de Rivera) más derechos creerán haber adquirido los orientales para conquistar una independencia que sin esos títulos nuevos ha sido siempre el objeto de su idolatría ”.
En este concepto hemos estado y estaremos siempre los americanos y los mismos españoles no creerán que con haber trasplantado sus hijos a estos países, los han hecho de peor condición que sus padres.
Si Héctor te llamare cobarde y débil no le creerán ni los troyanos, ni los dardanios, ni las mujeres de los teucros magnánimes, escudados, cuyos esposos florecientes en el polvo derribaste.
Ellos no comprenderán, porque un cerebro tiene ideas incoherentes; ni comprenderán mejor, porque otro tiene ideas regulares y seguidas. Ellos se creerán cuerdos, y serán tan locos como él.
Iré a un café, diré muchos disparates seguidos a mis amigos; después que se rían, se cansen y me desprecien, entonces lloraré y creerán que estoy loco; después me reiré y me sentaré a conversar tranquilamente y les diré que no estoy loco, que lo que quería era asombrarlos, que tengo una vanidad asombrosa, que necesito ser actor y llamar la atención.
Era un decretito con callejuela, decretito de agua de malvas, achicoria, goma y raíz de altea. ¿Creerán ustedes que aquí terminó la algólgora del primer toro?
El arzobispo don Bartolomé María de las Heras no había gozado de esas mojigangas; y el primer año, que fue el de 1807, en que asistió a la procesión hizo, a media calle, detener las andas, ordenando que se retirase aquella mujer escandalosa que, sin respeto a la santidad del día, osaba pronunciar palabrotas inmundas. ¿Creerán ustedes que el pueblo se arremolinó para impedirlo?