Ejemplos ?
Cuando el señor Cristóbal penetró al día siguiente en el pueblo jinete en su Careto, con las alforjas bien repletas de encargos y abierta la enorme sombrilla de seda roja para resguardarse del sol, variando el itinerario que tenía por costumbre seguir se dirigió hacia la calle donde Cloto vivía. «Puée que esté cosiendo en la ventana», pensó el señor Cristóbal.
Allí llegarás, paloma y allí bajarás al patio y caerás en las rodillas de la del pelo dorado; después volarás de nuevo y volverás a mi lado, y entonces sabré, paloma, si la del pelo dorado tiene las manos cosiendo, tiene los ojos llorando.
Allí llegué, prisionero, y allí me metí en el patio y le caí en las rodillas de aquella del pelo blanco. Tiene las manos cosiendo, tiene los ojos llorando.
Y lo que pasa: ésas viéen aquí y empiezan a quemarse las pestañas y a gastarse las yemas de los deos pa jacerle a Fulanita, que es un pendón, un vestío de fulá, y a Menganita, que es pendón y medio, otro de muaré, y, naturalmente, si la que está cosiendo tiée mejor perfil y tiée mejores jechuras que el ama del vestío, pos empieza a platicar sola, y en cuantito un litri le dice: «Yo tengo pa ti solita un carricoche de plata», ya está la que sea diciéndole con los ojos al litri: «Y yo tengo pa ti lo que tú quieras, salero».
Y la censurada costurera, que es una mocetona como un castaño, arroja al suelo la camisa que estaba cosiendo, y vuelve las espaldas con resuelto ademán al escrupuloso elegante, rapaz de trece años, listo como una ardilla y tan flaco como el mango de una paleta.
Músicas y trompeterías lejanas enviaban rotos pedazos de sonidos a la reja de Carlota. Y ésta seguía cosiendo, con el pulso sentado y la cara seria y pensativa de costumbre.
Entre la ventana y el fogón estaba Emma cosiendo; no llevaba pañoleta y sobre sus hombros descubiertos se veían gotitas de sudor.
La señora, en la primavera y en las tardes y noches de verano, suele estar cosiendo ó de tertulia en el patio, cuyos muros se ven cubiertos de un tapiz de verdura.
Pausa, Sigue cosiendo.) (Coge Genoveva de la cornisa de la chimenea la capuchina, que entregará a la Veora, y un tazón de Talavera, que llenará de agua.
Condénanle a que en un año no asista a coro, mas cobra su renta; es decir, le mandan que no trabaje y que coma. Tornó a su silencio Blas y a sus sollozos la moza; ella cosiendo sus cintas, y él machacando sus hormas.
(Coge un paño y la limpia y la frota.) Así te quiero, prenda. Y ahora a seguí cosiendo estas naguas blancas. (Siéntase a ello junto a la mesita.) Se tarda Juan Manué....
Súpolo éste, que faltar no podía oficioso que con el chisme fuese, y diz que su excelencia amainó, tan luego como tuvo aviso de que el arzobispo había tenido reunión de teólogos y que, como resultado de ella, traía el ceño fruncido y se estaban cosiendo en secreto bayetas negras.