cosaco

(redireccionado de cosacos)

cosaco, a

1. adj. coloquial Se aplica a la persona que tiene gran fuerza física.
2. HISTORIA De un pueblo nómada o semisedentario que habitaba en las estepas rusas meridionales.
3. s. HISTORIA Miembro de este pueblo.
4. s. m. MILITAR Soldado ruso de un cuerpo de caballería.
5. beber como un cosaco coloquial Ingerir bebidas sin medida, en exceso no era capaz de seguir su ritmo, bebía como un cosaco.

cosaco, -ca

 
adj.-s. etnol. Díc. del individuo perteneciente a un pueblo de origen étnico diverso establecido en el Dniéper, el Don y el Volga principalmente. Tenía encomendada la defensa de las fronteras rusas y el control del campesinado, a cambio de lo cual gozaba de amplísima autonomía.
m. mil. Soldado ruso de tropa ligera.

cosaco, -ca

(ko'sako, -ka)
abreviación
1. persona que formaba parte de un antiguo pueblo nómada del sur de Rusia El pueblo cosaco era principalmente guerrero.
2. cosa que pertenece a esta población tradiciones cosacas, costumbres cosacas

cosaco

(ko'sako)
sustantivo masculino
historia soldado de infantería o caballería de la milicia rusa Los cosacos eran los soldados más temidos por los franceses.

cosaco, -ca


sustantivo masculino-femenino
persona de gran fortaleza y vitalidad Fuma como un cosaco.
Traducciones

cosaco

kosakisch

cosaco

cosacco

cosaco

cosaque

cosaco

Kozakken

cosaco

Κοζάκος

cosaco

哥萨克

cosaco

哥薩克

cosaco

Cossack

cosaco

/a ADJ & SM/F
1. (= soldado) → Cossack
beber como un cosacoto drink like a fish
2. (Cono Sur) (= policía) → mounted policeman
Ejemplos ?
Nuestros hijos sabrán nuestras acciones, las coronas de Europa heredarán, y a conquistar también otras regiones el caballo y la lanza aprestarán. ¡Hurra, cosacos del desierto!
Esto dio a una parte del ejército la ocasión para manifestaciones revolucionarias y a la Asamblea Nacional para un voto de censura más o menos velado contra el ministerio. En vano la amenaza de la prensa del Gobierno con la abolición del sufragio universal, con la invasión de los cosacos.
Allí están todos: el borracho truán llamado; los polizontes que vendieron la vileza de su conciencia y el canalla chauffer que batió el record de la criminal complicidad; no falta el jefe de los bandoleros cosacos, tampoco ese otro banquillo está solo, lo ocupa el feroz jefe supremo, el que ordenó el delito, el que pagó las manos mercenarias que apretaron la garganta de y estrujaron el pabellón americano.
Pero los enemigos contra quienes ahora tiene que defender su propiedad el campesino francés no son los cosacos, son los alguaciles y los agentes ejecutivos del fisco.
Volad a hartar nuestros deseos, las más hermosas nos darán su amor, y no hallarán nuestros semblantes feos, que siempre brilla hermoso el vencedor. ¡Hurra, cosacos del desierto...
El orden público, dice el Sultán, y siembra cien mil o doscientos mil cadáveres en los pueblos de Armenia y Macedonia; el orden público, dice el Zar, y lanza sus cosacos a vengar en el huelguista ruso los golpes recibidos en Manchuria; el orden público, dice el reyezuelo del Africa Central, y manda empalar al prisionero traidoramente cogido en una razzia; el orden público, dice el grotesco presidente de Bolivia, y se enrojece las manos en la sangre de Lanza, después de habérselas dorado con el oro chileno.
Su verdadera cara era la que se mostró en la persiana entreabierta: habría puesto en fuga al más resuelto de los cosacos de 1815, a quienes, sin embargo, les gustaban todas las francesas.
CORO ¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! La Europa os brinda espléndido botín: Sangrienta charca sus campiñas sean, de los grajos su ejército festín.
Casas, palacios, campos y jardines, todo es hermoso y refulgente allí, son sus hembras celestes, serafines, su sol alumbra un cielo de zafir. ¡Hurra, cosacos del desierto...
Pero cuando en el film se vio, de pronto, un escuadrón de cosacos precipitarse sobre la madre que, en medio de una calle de Moscú, avanza con la bandera roja, súbitamente la gente prorrumpió en un grito: -¡Bárbaros!
Nuestros nobles caballos relinchando regias habitaciones morarán; cien esclavos, sus frentes inclinando, al mover nuestros ojos temblarán. ¡Hurra, cosacos del desierto...
Id en la espesa niebla confundidos, cual tromba que arrebata el huracán, cual témpanos de hielo endurecidos por entre rocas despeñados van. ¡Hurra, cosacos del desierto...