Ejemplos ?
Eva morena, de las breñas hija y de ella locamente enamorada, iba a la cumbre a coronarse sola reina de la montaña. Como membrudo corredor venado, rompe el cabrero las breñosas mallas; como ligera vigorosa corza, de peña en peña la cabra salta.
CORO En danzas nocturnas pondré mi blanco pie, bacante, mis pieles al cielo lleno de rocío lanzando, como una corza que en los verdes placeres del prado retoza, cuando ha escapado la terrible caza, fuera del alcance de las redes bien tejidas, y saltando ante los cazadores delante de la carrera de los perros, De la fatiga de la carrera y los torbellinos, salta al llano junto al río, y goza en la soledad sin mortales y en los retoños de la selva umbría.
18 Sea bendito tu manantial; Y alégrate con la mujer de tu mocedad. 19 Como cierva amada y graciosa corza, Sus pechos te satisfagan en todo tiempo; Y en su amor recréate siempre.
Cosas más extrañas hemos visto en el mundo, y una corza blanca bien puede haberla, puesto que, si se ha de dar crédito a las cantigas del país, San Humberto, patrón de los cazadores, tenía una.
De diez en diez los soldados van con honda, aljaba y pica; los capitanes, oculta, llevan bélica bocina. Con astucia y ligereza que al zorro y la corza imitan, llevan, ávidos del premio, ágil planta y ágil vista.
Sin el menor recelo, y ligera como una corza, solía, pues, Silveria salir de su casa, donde su madre andaba distraída y empleada en faenas domésticas, y recorría, saltando y brincando, todas aquellas cercanías.
N anón se llevó la huevera, la señora Grandet se irguió como una corza asustada, en una palabra, hubo allí un pánico del que Carlos se asombró sin poder explicárselo.
Levantose y huyó con la ligereza de una corza, seguida del príncipe, pero sin que pudiera alcanzarla, y en su fuga perdió una de las chinelas de cristal, que el hijo el rey recogió.
-¡No, no, señora!, exclamó el pobre mayordomo muy conmovido; no moriréis, pero no por eso dejaréis de ver a vuestros hijos, pues los veréis en mi casa en donde les he ocultado; y de nuevo engañaré a la reina sirviéndola una corza en vuestro lugar.
Huye la ninfa bella: y el marino Amante nadador, ser bien quisiera, Ya que no áspid a su pie divino, Dorado pomo a su veloz carrera; Mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino La fuga suspender podrá ligera Que el desdén solicita? ¡Oh cuánto yerra Delfín que sigue en agua corza en tierra!
Me sucede una cosa muy extraña, explicó Esteban, cuando, después de escuchar las palabras que dejo referidas, me incorporé con prontitud para sorprender a la personas que las había pronunciado, una corza blanca como la nieve salió de entre las mismas matas en donde yo estaba oculto, y dando unos saltos enormes por encima de los carrascales y los lentiscos, se alejó seguida de una tropa de corzas de su color natural, y así estas como la blanca que las iba guiando, no arrojaban bramidos al huir, sino que se reían con unas carcajadas cuyo eco juraría que aún me está sonando en los oídos en este momento.
Llevola en el acto a su habitación y dejola que abrazara a sus hijos y confundiera sus lágrimas con las suyas, mientras él se fue a guisar la corza, que la ogra se comió a la cena con el mismo apetito que si hubiese sido la reina.