corpachón

corpachón

1. s. m. Cuerpo de dimensiones exageradas cayó sobre él todo su corpachón de jugador de básquet.
2. Cuerpo del ave despojado de las pechugas y patas.
NOTA: También se escribe: corpanchón
Ejemplos ?
También colaboró, entre otras publicaciones, como redactor en Mundo Gráfico, pero donde más éxitos tuvo, alcanzando gran fama, fue en la revista La Esfera en la que popularizó el seudónimo de "El caballero audaz". Gran corpachón, metro noventa de estatura y espadachín conocido por sus varios duelos.
Vieron todos cómo al aproximarse el vagabundo asomaba por el embudo de barro el picudo morro de la fiera y sus rugosas patas delanteras. Después, con un pesado esfuerzo, sacó del agujero el corpachón escamoso por cuyo interior había pasado medio Valencia.
Y cuando desde el toldo, a cubierto del sol o de la lluvia, miraba el ancho corpachón del capitán, su rostro colorado, sus bigotes rubios un tanto canosos y sus ojos azules de mirada tan franca como la de un niño, sentía que una ternura dulce y profunda me inundaba el alma y desbordaba de mi razón.
Como era un hombre demasiado importante para que le molestase un tabernero, éste respetuosamente prefirió dejar que aquel importante personaje la produjera él mismo. El obeso corpachón de aquel notable burger mostraba ahora todos los síntomas de un volcán, a punto de iniciar una erupción.
Dentro de su cuerpo una tensión misteriosa le asfixiaba, retorciéndole fibra por fibra; de su enemigo ahora sólo distinguía la doble hilera brillante de los blancos dientes; y, de pronto, al sentir el frío acero rozando su piel, un dolor tan atroz, como si fuera un dolor de muelas en el corazón, le paralizó la respiración. Y, súbitamente, el corpachón encogido se relajó sobre el respaldar del sillón, y la cabeza se deslizó hacia un costado.
En aquel ágil corpachón se agitaba un espíritu sutil, la más completa experiencia de las cosas de la vida, oculta bajo la aparente indolencia de los militares, y un absoluto menosprecio de los convencionalismos sociales.
Allí pensé que había llegado para mí el fin del mundo y permanecí medio muerto dentro de una bañera de mármol mientras mi tío se tendía en el suelo; pero no simplemente tendido, ni en una postura normal, sino más bien apocalíptica. Toda la mole de su obeso corpachón sólo tocaba el suelo con las yemas de los dedos de sus pies y sus manos.
La segunda luchaba con la edad de Cristo y se dejaba sacrificar por el vestido que la estallaba sobre el corpachón y sobre el vientre.