Ejemplos ?
Debemos ilustrar a la nación, y ella debe coronar nuestras fatigas con premio digno, dándonos la mitad en aplausos, y la mitad en pesos duros.
Que la dorada espiga los surcos que el cañón abrió en la tierra fértil encubra, y que la sombra amiga del árbol torne a coronar la sierra.
Hay que confesar que nuestra tarea parecía ardua e imposible de coronar con el éxito, pero perseveramos y logramos hacer avances considerables.
Haga usted eso, pero déjeme hablarle, le grité, casi, poseído de la furia de coronar el plan que se había formado dentro de mí en esos minutos.
Ya sabe él a lo que vengo y lo que yo convine con otro aún más viejo que yo: coger tirsos y vestir pieles de cabrito y coronar la cabeza con tallos de yedra.
Sostenido por sus amigos se adelantó Alcibíades y mientras se ocupaba de quitarse las cintas y la guirnalda para coronar a Agatón, no vio a Sócrates que estaba frente a él y fue a sentarse precisamente entre Agatón y él, que se había apartado para hacerle sitio.
Las tendencias monárquicas de que, juzgando con ligereza, so hace capítulo de acusación contra el héroe de San Lorenzo, las disculpa Mitre con estas palabras: — «Si buscaba la monar- quía constitucional, era sin ambición personal, anteponiendo sus convicciones republicanas á lo que consideraba relativa- »mcntc mejor para coronar la Independencia con un gobierno estable, que conciliase el orden con la liberlad y corrigiese «la anarquía.» Siempre hemos opinado que el plan monárquico de San Martín era hijo de una conciencia honrada y de verdadera sen- satez.
Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones.
No podía caber duda, no; suyos eran aquellos ojos oscuros y sombreados de largas pestañas, que apenas bastaban a amortiguar la luz de sus pupilas, suya aquella rubias y abundante cabellera que, después de coronar su frente se derramaba por su blanco seno y sus redondas espaldas como una cascada de oro, suyos, en fin, aquel cuello airoso que sostenía su lánguida cabeza, ligeramente inclinada como una flor que se rinde al peso de las gotas de rocío, y aquellas voluptuosas formas que él había soñado tal vez, y aquellas manos semejantes a manojos de jazmines, y aquellos pies diminutos, comparables sólo con dos pedazos de nieve que el sol no ha podido derretir y que a la mañana blanquean entre la verdura.
Porque hoy es, señores, el día señalado para coronar el acierto de los escritores que han sobresalido en el examen de los dos puntos históricos interesantísimos que propuso esta Real Academia a las investigaciones de los que cultivan estos estudios con asiduidad y aprovechamiento, y el primero en que, en virtud del ensanche que los nuevos estatutos le conceden, manifiesta pública y solemnemente el estímulo y el empuje que da a la ciencia, premiando del modo más lisonjero y más honroso a los que en su cultivo sobresalen.
Cuando leía los grandes parlamentos, se sentía transportado; pero cuando pensaba que los curas sacaban partido de aquello, se sentía contrariado, y en esta confusión de sentimientos en que se debatía, hubiera querido a la vez poder coronar a Racine con sus dos manos y discutir con él durante un buen cuarto de hora.
¿Qué mucho que la España de entonces trocase su libertad interior por el dominio en lo exterior, si hemos visto en los tiempos modernos a una gran nación que se decía harto más adelantada, a una nación que parecía haber sacudido para siempre toda especie de tiranos por medio de la más sangrienta Revolución, si la hemos visto, decimos, coronar a un nuevo déspota, que no necesitó para ceñirse con una mano la corona imperial sino alargar con la otra a los republicanos más ardientes laureles perecederos y el oropel de una pasajera conquista?