cornetín

cornetín

1. s. m. MÚSICA Instrumento musical de viento, de cobre, con embocadura y pistones, que es parecido al clarín.
2. MILITAR Instrumento musical parecido al clarín, usado en el ejército para los toques oficiales. corneta
3. s. m. y f. MÚSICA Persona que toca estos instrumentos.

cornetín

 
m. mús. Instrumento músico de viento, que tiene casi la misma extensión que el clarín.
Músico que toca este instrumento.
mil. Especie de clarín usado por la infantería del ejército.
Traducciones

cornetín

cornetist

cornetín

/ina
A. SM (= instrumento) → cornet
B. SM/F (= instrumentista) → cornet player
Ejemplos ?
Entre sus obras más destacadas a ritmo de danzón Nereidas, así como Adela, Circulando, Cuando Canta el Cornetín, El Acahual, Que cante la gira, etc.
Juan Díaz tocaba el cornetín en la banda del pueblo, y lo animó a aprender a tocar el cuatro venezolano y a componer y cantar boleros.
Anota este jocundo pensamiento: Parar, parar el mundo entre las puntas de los pies, y luego darle cuerda del revés, para verlo girar en el vacío, coloradito y frío, y callado —no hay música sin viento—. ¡Claro, claro! ¡Poeta y cornetín son de tan corto aliento!... Sólo el silencio y Dios cantan sin fin.
Ya has visto, a San Isidro y San Antonio de la Horia; pues bien: colócales sobre verdes y olorosas praderas; quítales aquellos tinajones nauseabundos de buñuelos, sus anaquelerías de venenosas botellitas, sus tiovivos y estridentes caramillos; su movimiento todo de mercado público, y dales, en su defecto, platos de bacalao, pellejos de vino de Rioja, tamboriles y panderos, trajes tan variados y pintorescos como un plan de banderas, y una concurrencia que, vista, desde lejos, se mueve de abajo arriba, como los pistones de un cornetín, y tendrás una idea de este espectáculo montañés, tan frecuente como los santos del calendario, pues en verano es raro el que no tiene romería.
Bien los conoce: son Baltasar, zapatero y clarinete en la murga del municipio; Melchor, sacristán y figle de la banda; Gaspar, panadero y cornetín.
Brunetti temía que a lo mejor se le acercase Formi a decirle en buenas palabras que hasta allí habían llegado, que él necesitaba otro músico. El ex-cornetín se presentaba cada dos o tres días a Gaité y con miel en los labios preguntaba: -¿Y nuestro autor?
Marineda, que es una ciudad comercial y bastante culta, a quien quitan el sueño los laureles de Barcelona, se precia ante todo de entender de música; y no hay duda, sus hijos revelan disposición para lo que los periódicos locales llaman «el divino arte»; mas la falta de comunicación, la imposibilidad de oír a menudo verdaderas eminencias, de asistir a conciertos y de tomar el gusto, hacen que la inteligencia no iguale a las aptitudes y, sobre todo, que les falte la noción exacta del mérito relativo y se alabe lo mismo a un gran compositor, por ejemplo, que a un aficionado que toca medianamente el cornetín.
El muchacho se llamaba Cornelio Piedrahita y era hijo de Ramón Piedrahita, que golpeaba el bombo y sonaba los platos; Manuel Mendoza, soplaba el cornetín; José Mancay, el requinto; Segundo Alancay, el barítono; Esteban Pacheco, el bajo; Redentor Miranda, el trombón; Severo Mariscal, sacudía los palos sobre el cuero templado del redoblante; y, Nazario Moncada Vera chiflaba el zarzo.
A la puerta de un restaurante, unos vagabundos italianos entonaban otra romanza melancólica, semejante a la de Florencia, pero que parecía deshonrada por el lugar, lejos del dulce paisaje en que vio la luz, cortada a trechos por los chillidos del cornetín del vecino baile, interrumpida por el trotar de los borriquillos alquilones de Robinsón y los gritos de las muchachas que se bamboleaban sobre la silla, próximas a caer, mostrando sus piernas con el impudor del miedo.
Hay críticas de arte senti- mentales, a las que no falta sino una viñeta y un lema para ser perfectamente ingenuas. Como viñeta, un postillón tocando el cornetín.
Brunetti, cuya verdadera vocación era la cirugía, pero que acosado por el hambre, había llegado a vivir del cornetín (un cornetín estridente que tocaba el pobre napolitano con todo el furor de los rencores de su vocación paralizada), Brunetti se había dedicado al fin a componer música para óperas y dramas líricos, considerando que las partituras se parecían unas a otras hasta la desesperación del pobre instrumentista, y que vista una ópera, estaban hechas todas.
Una sonrisa le asomaba a los labios al escuchar ciertos primores del violín, que tocaba solo, a veces, cuando se callaban los otros instrumentos; se oía el claro sonido de los luises de oro que se echaban al lado sobre los tapetes de las mesas; después, todo recomenzaba al mismo tiempo, el cornetín lanzaba un trompetazo sonoro, los pies volvían a encontrar el compás, las faldas se ahuecaban, se cogían las manos, se soltaban; los mismos ojos, que se bajaban ante la pareja de baile, volvían a fijarse en ella.