corcel

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corcel

(Del fr. ant. corsier < cors, carrera, corrida < lat. cursus.)
s. m. Caballo ligero y alto utilizado en torneos y batallas aparecieron montados en briosos corceles.

corcel

 
m. Caballo ligero, de mucha alzada, que servía para los torneos y batallas.

corcel

(koɾ'θel)
sustantivo masculino
caballo veloz y de gran altura usado en torneos y batallas El tamaño de su corcel era admirable.
Sinónimos

corcel

sustantivo masculino
Traducciones

corcel

corcel

corcel

charger, steed

corcel

فرس

corcel

骏马

corcel

駿馬

corcel

конь

corcel

SMsteed, charger
Ejemplos ?
Perezoso, con vacilante languidez, sus ojos el sopor les cubre: se marcha, en la quietud muelle, el rábido furor de su ánimo, pero cuando, de cara áurea, el Sol con sus radiantes ojos lustró el éter blanco, los suelos duros, el mar fiero, 40 y expulsó de la noche las sombras con sus vivos corceles, entonces el Sueño, de la despierta Atis huyendo, rápido se marcha; trepidante su seno, lo recibe la diosa Pasitea.
Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Álamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?
En los anchurosos patios, alrededor de inmensas hogueras y diseminados sin orden ni concierto, se veía una abigarrada multitud de pajes, soldados, ballesteros y gente menuda, que éstos aderezando sus corceles y sus armas y disponiéndolos para el combate...
i yo jamás hubiera salido de mi villa, con una santa esposa tendría refrigerio de conocer el mundo por un solo hemisferio. Tendría, entre corceles y aperos de labranza a Ella, como octava bienaventuranza.
Medró todo esto en amor y compaña maravillosamente, de manera que andando el tiempo salieron de casa del remendón dos gallardos jinetes, montados sobre dos soberbios corceles, seguidos de dos valientes sabuesos, con dos erguidas lanzas y dos brillantes escudos.
EN CAMINO Al fin te ve mi fortuna Ir, a mi abrigo amoroso, Al buen terruño oloroso En que se meció tu cuna Los fulgores de la luna, Desteñidos oropeles, Se cuajan en tus broqueles Y van por la senda larga, Orgullosos de su carga, Los incansables corceles.
En los soberbios palacios músicas acordes suenan, a cuyo compás, gallardas lucen las damas sus prendas. Joyas, insignias, brocados, los ricos salones llenan, y plazas, calles, paseos, corceles, galas, libreas.
Ahora, id a comer para que luego trabemos el combate; cada uno afile la lanza, prepare el escudo, dé el pasto a los corceles de pies ligeros e inspeccione el carro, apercibiéndose para la lucha; pues durante todo el día nos pondrá a prueba el horrendo Ares.
El gran Héctor, de tremolante casco, agitaba las suertes volviendo el rostro atrás: pronto saltó la de Paris. Sentáronse los guerreros, sin romper las filas donde cada uno tenía los briosos corceles y las labradas armas.
Mas, como suelen, en marcial combate, los corceles pasar, suelta la brida y en los flancos clavado el acicate, así la turba réproba en huida rauda pasó y en torbellino inmenso, cual paja vil, del huracán barrida.
Sobre aquel revuelto océano de cantares de guerra, rumor de martillos que golpeaban los yunques, chirridos de limas que mordían el acero, piafar de corceles, voces descompuestas, risas inextinguibles, gritos desaforados, notas destempladas, juramentos y sonidos extraños y discordes, flotaban a intervalos, como un soplo de brisa armoniosa, los lejanos acordes de la música del sarao.
En este cambio de quicio a que asistimos, y en esta refacción del mundo de los hombres, en que la vida nueva va, como los corceles briosos por los caminos, perseguida de canes ladradores; en este cegamiento de las fuentes y en este anublamiento de los dioses, –la naturaleza, el trabajo humano, y el espíritu del hombre se abren como inexhaustos manantiales puros a los labios sedientos de los poetas: –¡vacíen de sus copas de preciosas piedras el agrio vino viejo, y pónganlas a que se llenen de rayos de sol, de ecos de faena, de perlas buenas y sencillas, sacadas de lo hondo del alma, –y muevan con sus manos febriles, a los ojos de los hombres asustados, la copa sonora!