Ejemplos ?
Pero era en las horas de sol, en aquel mar de cristal azul, viendo allá bajo, a través de fantástica transparencia, las rocas amarillas con sus hierbajos puntiagudos como ramos de coral verde, las conchas de color rosa, las estrellas de nácar, las flores luminosas de pétalos carnosos estremeciéndose al ser rozados por el vientre de plata de los peces; y ahora estaba en un mar de tinta, perdido en la oscuridad, agobiado por sus ropas, teniendo bajo sus pies ¡quién sabe cuántos barcos destrozados, cuántos cadáveres descarnados por los peces feroces!
Huele á rancio eso de estai- siem- pre á vueltas y tornas con los labios de coral, y los ojos de gacela, y el cabello de ébano, y la frente de plaza de toros.
Los indicios de depósitos de carbón y la formación de arrecifes de coral en áreas cerca de Puyango durante el periodo Creático indican una temperatura cálida.
Para formar tan hermosa esa boca angelical, hubo competencia igual entre el clavel y la rosa, la púrpura y el coral. Mintiendo sombras del bien, en ella el mal se divisa, por lo que juntos se ven ya la apacible sonrisa, ya el enojoso desdén.
Una mirada por la ventana, y la acacia del patio recordaba los tiempos de la infancia. Las flores y las hojas habían caído, pero el árbol estaba cubierto de escarcha, como una enorme rama de coral.
Entre el silencio repentino de la adoración, se alzó un canto celeste, sostenido por los registros más delicados del magnífico órgano eléctrico, oculto en la sala contigua. Eran muchas voces, afinadísimas, unidas en masa coral, elevando el himno, triunfal, glorioso: «¡Aleluya, aleluya!
Y si va a decir lo cierto la chica es como una perla, y fina como un coral, aunque hay una diferencia: que perla y coral con arte, con red y estación se pescan, y aquí sucede al contrario, pues la pescadora es ella.
Se desprendían de lo mejor de ellos y se lo entregaban al abuelo de la creación TECUCIZTECATL le ofrecía plumas bellísimas, pelotas luminosas como estrellas, espinas de coral rojo como la sangre y aroma de copal.
No tenía quince años, ni labios de coral, ni dientes de perlas, ni ojos color de cielo, ni cabellos de ángel, ni sus divinos ojos estaban siempre contemplando el firmamento, ni menos se alimentaba de suspiros y lágrimas.
Allí del galán Tenorio la deslumbrada pupila desmenuzando vacila tanta opulencia oriental, y el agua, la luz, las flores, los naturales primores compiten con los mayores de el oro, el jaspe y coral.
El cacique, adornado con sus vistosos plumajes, con su diadema llena de piedras preciosas, y ricas sartas de coral y perlas que rodeaban su cuello, y caen sobre su ensangrentado pecho, no con la sangre de sus heridas, sino con la sangre española de sus víctimas, su mirada fiera y aterradora, su actitud imponente, estaba soberbio, más que un hombre era un ángel exterminador -estaba hermoso- Lucía al verlo, dio un grito, y cayó desmayada.
Yo mismo lo he experimentado en lengua propia y carcajada coral: En Chile pedí brindar con “chucha”, al no acertar, por falla de memoria, a decir “chicha”, bebida folclórica de allá, y con ello enunciar la palabra obscena designadora del órgano genital femenino.