Ejemplos ?
A la desnuda campiña parece que se la ve tiritar de frío; las chimeneas de la barriada lanzan a borbotones el humo que se lleva rápido el helado Norte, dejando en cambio algunos copos de nieve.
Sacase de él una resina que hace las veces y provechos de la trementina; cura enfermedades y dolores que proceden de frio, ella y el agua en que se cuece la raíz y el palo sana los catarros; también sirve la resina por incienso para perfumes. Guabo.- La fruta del guabo es muy larga como de una vara, y tiene dentro unos como copos de algodón blanco y suaves.
Corre al jardín, y, sin temer espinas ni gusanos, troncha con los dientes ratonescos capullos de rosa imperial, y desguaza con aquellas manitas que con las flores se confunden, copos de caracucho blanco y de albahaca.
En un pisador castaño que con la espuma del freno, escarcha en copos de plata los azules paramentos, su destreza de jinete, con corvetas y escarceos, y su agilidad de mozo va, presumido, luciendo.
Y es de ver cómo pululan en el esqueleto de los azucenos aquellos gusanos de felpa negra bordados de corales; y cómo el mirto se gloría con lo clásico del fruto y del follaje artístico, y el azahar de la India, con los copos virginales que recargan el aire de oriental fragancia.
La anciana había dejado el calor del fogón y pasaba los días junto a la cama de "su viejito", remendando los pobres guiñapos o hilando los nevados copos que le diera la caridad de Encarnación.
El viento había desaparecido al anochecer y empezaba a nevar; caían gruesos copos, que cubrían ya todo el suelo, y los ruidos se habían apagado como si las calles estuvieran cubiertas de pluma.
Cruzaron el campo de algodoneros, en el que revoloteaban algunos copos blancos y que separa el ferrocarril del emplazamiento de la ciudad desenterrada, y tomaron un guía en la hostería construida extramuros de las antiguas murallas, o, para hablar más correctamente, un guía les cogió a ellos.
Hemos dicho que Damián se estaba haciendo rico en tan pingües copos; pero hemos olvidado decir que Damián, como otros muchos hombres, había cometido la torpeza de casarse con una muchacha muy linda, muy graciosa y muy amiga de componerse; con una coqueta natural, en una palabra; o, si queréis mejor, con una coqueta nativa.
Otros llegaban al puerto, creciendo poco a poco, rodeados de gaviotas que flotaban a su lado como copos de espuma y, ya fondeados, los rodeaban pequeños botecillos ágiles.
Thamar estaba soñando pájaros en su garganta al son de panderos fríos y cítaras enlunadas. Su desnudo en el alero, agudo norte de palma, pide copos a su vientre y granizo a sus espaldas.
Era el humo suave y social: de grises copos, deshechos blandamente y renovados sin tregua, su aroma sedante, adormecían las vehemencias verbales de la raza, narcotizaban las mentes y prestaban al diálogo cierto tranquilo tono de buen gusto.