Ejemplos ?
¿Dónde vas si al ocaso Te hieren las campanas Y quiebran tu remanso Las bandadas de coplas Y el gran rumor dorado Que cae sobre los montes Azules sollozando?
Habréis de saber, señora, que Tomás tiene escritas en este libro de la cebada unas coplas que me ponen mala espina que está enamorado de Costancica.
La señora Antonia, la viuda, tenía a su cargo el pésame y la oratoria consoladora, por ser la más suelta de lengua y de mejor explicación entre todas las viejas de la parroquia de Boiro. ¡Como que hasta sabía improvisar coplas!
Y en menos que nace un pollo, aquí se acaba este rollo. Coplas bestiales Vistiéndose de azules, doña Gata levanta su bellísima alpargata y bailando ballet sin más vergüenza, no existe una diva que la venza.
Fué á principios de 1605 cuando apareció en Madrid el Ingenioso hidalgo y ya en el año anterior, habían profusamente circulado, en Sevilla, coplas de cabo roto.
-Escribir notas informativas breves. -Aprender y compartir rimas y coplas. -Anunciar por escrito servicios o productos de la localidad.
Se acentúa el bochorno del mediodía, perturba los sentidos el olor a fango que exhalan las aguas calientes, cortadas por el bongo. Ya los palanqueros no cantan ni entonan coplas.
Por real orden de 31 de Diciembre de 1786, comunicada al virrey Croix, se prohibieron los vítores en la elección de abadesa; pero maldito el caso qae de la regia prohibición hicieron las monjitas de Lima. Las coplas de los monasterios son notables por la agudeza y sal criolla.
La codicia y la envidia despertó en los rufianes voluntad de hurtarme, y andaban buscando ocasión para ello: que esto del ganar de comer holgando tiene muchos aficionados y golosos; por esto hay tantos titereros en España, tantos que muestran retablos, tantos que venden alfileres y coplas, que todo su caudal, aunque le vendiesen todo, no llega a poderse sustentar un día; y, con esto, los unos y los otros no salen de los bodegones y tabernas en todo el año; por do me doy a entender que de otra parte que de la de sus oficios sale la corriente de sus borracheras.
Las tres mujeres se disputaron la dicha de pasear al Capitán Veneno en el sillón-cama: bebieron champagne y comieron dulces, así los enfermos como los sanos, y aun el representante de la medicina; el Marqués pronunció un largo discurso en favor de la institución del matrimonio, y el mismo don Jorge se dignó reír dos o tres veces, haciendo burla de su pacientísimo primo, y cantar en público (o sea delante de Angustias) algunas coplas de jota aragonesa.
¡Yo no me burlo de usted ni el caso lo merece! ¡Yo he estado a punto de llorar, y he bendecido a usted desde lejos, cada vez que le he oído cantar aquellas coplas!
Fijándome sus grandes ojos morunos, dijo con un profundo encanto sentimental, el encanto sentimental que hay en algunas coplas gitanas: —Esa criatura es tan hija tuya como mía.