Ejemplos ?
Al final lo convencí para que no cantara hasta más tarde, cuando los arreglos tomasen forma y los músicos pudiesen colocar sus instrumentos alrededor de y no contra Bob».
Mike también atribuyó su temprano interés por la música al hecho de haber visto de niño al virtuoso guitarrista Bert Weedon: "Le vi en la tele cuando tenía siete años y enseguida convencí a mi padre para que me comprara mi primera guitarra.
En esta conferencia, subraya la necesidad de distinguir el acto ilocutivo “al decir tal cosa lo estaba previniendo”, del acto perlocutivo “porque dije tal cosa lo convencí, o lo sorprendí o lo contuve”.
Cuando toqué los temas delante del público me convencí de que tenía que hacer mi próxima gira, mi primera gira acústica en América.
No vuelvas más Caminar, caminar Una Carta Me convencí Vivir es luchar En las cruces de tu reja Tormenta (instrumental) Álamo amigo
Espié sus ventanas, por si cruzaba su sombra; fui cien veces a la ermita, y me convencí de que Carmela tenía vergüenza de oír misa si junto a la pila del agua bendita la esperaba el contacto de la yema de mis dedos, cargados de eléctrica energía, mensajeros de un estado de alma...
Una medalla de la Purísima, de plata, pendiendo de una cadena delgada, larga y fría. Examiné mucho el objeto y me convencí de que alguien lo había puesto en mi bolsillo.
Son pormenores horribles; bueno, se trata de que se imponga usted de cómo había ocurrido la cosa. Yo vi el cadáver y me convencí de que no había exageración ninguna en lo que se refirió después.
Sintiéndome con fuerzas de sobra y desesperado con aquel encierro, en que mis nervios excitados no habían tolerado más compañía que la del suave Marinoni, a quien el recargo de ocupaciones le impedía estar a mi lado, convencí a Francisco, rendido por las noches de vigilia, de que se acostara y preparé mi salida nocturna.
Pero me ocurrió algo inesperado: leyendo repetidas veces lo que escribió el consagrado me convencí de que, en este caso, como en muchos, no tenía importancia convencer a un hombre.
Cuando yo, allá en mi novatada de ministro, admití la cartera de Ultramar, por vía de aprendizaje, me convencí de que tenemos que aplicar el cauterio a la administración ultramarina, si ha de salvarse aquello.
Yo no sabía lo que era de mí. Por fin, a fuerza de ruegos y de protestas, convencí a Dora de que me mirase. Parecía muy asustada; pero poco a poco, con mis caricias, conseguí que me mirase tiernamente, y apoyó su suave mejillita contra la mía.