contrito


También se encuentra en: Sinónimos.

contrito, a

(Del lat. contritus, abrumado.)
adj. Que está arrepentido y abatido por haber cometido una falta con voz contrita le pidió perdón.

contrito, -ta

 
adj. Que siente contrición.
fig.Melancólico, triste.

contrito, -ta

(kon'tɾito, -ta)
abreviación
persona que siente pena o aflicción espíritu contrito
Sinónimos

contrito

, contrita
adjetivo
arrrepentido*, compungido.
Traducciones

contrito

contrite

contrito

zerknirscht

contrito

contrit

contrito

angerfuld

contrito

ångerfull

contrito

(frm) ADJcontrite
Ejemplos ?
A san Antonio del Fondo i Oh I glorioso san Antonio que, en humilde callejón sin hacer ostentación avasallas al demonio, sigue dando testimonio de tu fK)der infinito, y alcanza de Dios bendito, como celeste laurel, gracias para todo aquel que á ti las pida contrito.
En contrito desconsuelo Es el hombre allí un gusano Que se arrastra por el suelo, Tiende el ministro su mano Y un ángel firma en el cielo.
Asi que el bueno del rey Dió en amar la soledad Y en andar triste y mohino; Lo que me inclina á pensar (55) Que dió en hacer penitencia Penado y contrito ya De aquel matrimonio infando Y escandaloso ademas.
Así resulta del proceso, así lo confirma uno de ellos, en una carta, que, contrito, dirige al Papa; así lo aseguran varios periódicos romanos y otros franceses, entre los cuales el hijo, como testimonio irrecusable, la Liberté, diario parisiense del color de su título y tan papista como Garibaldi.
Y aquél de la inflamada y púrpura garganta, el de los ojos desorbitadas aguarda las manos sagradas que llevaron Ladrón al Paraíso. Y un destrozado corazón contrito el Señor no habrá de despreciar.
Todo lo toma usted por donde quema... -murmuraba el doctoral apiadado y contrito. El caso es que, cuando al ama le daba muy fuerte la ventolera, tampoco arrimaba al fuego la olla, y algún día el canónigo, con sus manos que consagraban la Hostia sacrosanta, se dedicó a la humillante operación de mondar patatas o picar las berzas para el caldo.
El sacrificio que quiere Dios es el espíritu atribulado, pues al corazón compungido y humillado no le despreciará Dios.» Notemos y consideremos cómo donde dijo que Dios no quería sacrificio, allí mismo indica que Dios le quiere. No quiere, pues, el sacrificio de una res muerta, y sólo quiere el sacrificio de un corazón contrito.
Porque si los sacrificios que únicamente apetece entre otros (que es uno solo; a saber: el corazón contrito y humillado con el dolor verdadero y la penitencia) no quisiera se significaran con los sacrificios que presumieron deseaba, como si fuesen agradables y deleitables al Señor; sin duda que no mandara expresamente en la ley antigua se los ofrecieran.
Naturalmente, no se sentía tranquilo porque su cuerpo había pecado innumerables veces, y porque comprendía que su rostro, a pesar de la actual expresión grave, tenía las rayas enérgicas y la fiereza de los malevos, que cuando él era mocito imitaba en el arrabal y con las patotas. Pero su espíritu estaba contrito y quizá eso fuera suficiente, lo que no le impedía decirse: –¿Qué dirá el Señor de mi «pinta»?
Sólo por Dios te dejo, y entretanto que recorra estas líneas tu mirada, ceñirá mi cabeza el velo santo, en santo monasterio refugiada; donde de Dios a la clemencia pida con lastimado corazón contrito, mientras durare mi doliente vida, perdón de mi feísimo delito; Donde con yerbas mi hambre satisfaga Y sea mi descanso el suelo duro, y hecha por los cilicios viva llaga, pague la carne su deleite impuro.
Grandes ramos de albahacas olorosas y flores de toda clase, traídas muchas de ellas desde comarcas lejanas, eran arrojadas al paso del Señor de Luren, que pasaba en hombros de gentes creyentes y distinguidas, envuelto en las nubes aromáticas de sahumerio que hacían en sus sahumadores de plata las niñitas y las damas que iban delante; las luces, el sahumerio, el perfume suave y exquisito de las albahacas, el singular olor de los cirios que ardían, la marcha cadenciosa y lamentable de la música, que desde la capital era enviada especialmente y el contrito silencio de las gentes, daban a ese desfile religioso, admirable, amado y único, un aspecto imponente y majestuoso.
—y regresó completamente mojado y contrito a guarecerse bajo el tejado que cubría un pequeño corredor de aquella casa de ladrillos con apariencia de vieja hacienda ya muy deteriorada.