conserje


También se encuentra en: Sinónimos.
Búsquedas relacionadas con conserje: conserjeria

conserje

(Del fr. concierge.)
s. m. y f. OFICIOS Y PROFESIONES Encargado de las llaves y de otras funciones de mantenimiento y vigilancia del edificio en un centro oficial o establecimiento público el conserje abrió las puertas de las aulas y despachos.

conserje

 
m. Persona que tiene por oficio cuidar de la custodia y mantenimiento de un edificio o establecimiento público.

conserje

(kon'seɾxe)
sustantivo masculino
occupations persona que se encarga de vigilar un edificio Pide las llaves la conserje.
Sinónimos

conserje

cosustantivo masculino
Traducciones

conserje

domovník, správce

conserje

pedel, vicevært

conserje

talonmies

conserje

pazikuća

conserje

用務員, 管理人

conserje

관리인, 수위

conserje

conciërge

conserje

vaktmester

conserje

dozorca, woźny

conserje

vaktmästare

conserje

ผู้รับจ้างดูแล, ภารโรง

conserje

người trông coi

conserje

SMF [de facultad] → head porter; [de colegio] → janitor; [de hotel] → hall porter; [de edificio oficial, museo] → caretaker
conserje de nochenight porter
Ejemplos ?
Lorenza supo por el conserje del teatro que Mariner, segundo galán, pasaba a un cuadro de compañía formado para recorrer las ciudades catalanas.
Por ellos no había conserje, cargos ni títulos dignos de su consideración, y pasaban por en medio del mismísimo claustro de profesores, sin ocurrírseles llevar la mano a la visera por vía de saludo.
Pero un mi compadre me ha dicho, en puridad de compadres, que muerto Tijereta quiso su alma, que tenía más arrugas y dobleces que abanico de coqueta, beber agua en uno de los calderos de Pero Botero, y el conserje del infierno le gritó: -¡Largo de ahí!
Los porteros y demás dependientes vivían en la planta baja del edificio, y Fernando, por un privilegio, disfrutaba a solas de la Biblioteca todas las tardes y todas las noches, sin más condiciones que estas: ir siempre sin compañía; correr, por su cuenta, con el gasto de las luces que empleaba, y encargarse de abrir y cerrar, dejando al marcharse las llaves en casa del conserje.
Su frívola conversa­ción, sus gestos indolentes no le interesaban y, en cuanto sirvieron el café, les dejó con la disculpa de una cita. Al salir del club, el conserje le entregó una carta.
Cerró Fernando como siempre la puerta de la calle con enorme llave, y empuñando el manojo que esta y otras varias formaban, anduvo algunos pasos por la acera, ensimismado, buscando, sin pensar en ello, el llamador de la puerta en la casa del conserje, que estaba a los pocos metros, en el mismo edificio.
Iba lleno de las ideas que con él habían bajado a la calle dejando las frías páginas de los libros de arriba, la eterna prisión. «No está nadie», pensó, por fin, sin fijarse en que debía extrañar que no estuviese nadie en casa del conserje.
Cuando le volví a visitar, su criado me dijo que se había marchado a Alemania. Dos años después, al entrar yo en mi club, me entregó el conserje una carta con sello extranjero.
De ahí, después de pedirle una suma al cajero y de recoger mi correspondencia llegada una hora antes, fui a mi hotel para que Francisco arreglara un saco de viaje, salí en otro coche pedido por el conserje y llegué a la estación a tomar el tren, el primero que saliera, para cualquier parte...
El criado que me sirvió la víspera trajo el desayuno y con él un telegrama de Miranda y Compañía llegado en las primeras horas de la mañana. Venciendo cierta repugnancia lo mandé a preguntarle al conserje del hotel si el señor Scilly y la señorita habían salido.
El señor y la señorita se fueron esta mañana, a primera hora, llevando sus equipajes en un coche particular que vino a buscarlos. El conserje le oyó decir a él a la estación, pero no oyó el nombre de la estación...
En las Escuelas Constitucionalistas de niños y niñas se instalaron lavabos, baños de regadera, mingitorios y habitación para el conserje.