conquistador


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conquistador, a

(Derivado de conquistar.)
1. adj./ s. Que conquista o toma posesión de una cosa.
2. Que hace conquistas amorosas con facilidad tiene fama de conquistador irresistible. ligón
3. s. m. HISTORIA Denominación que se dio a los españoles que intervinieron en la conquista de América.

conquistador, -ra

(konkista'ðoɾ, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
1. persona que se apodera de un territorio u otro lugar empleando la fuerza de las armas un conquistador de América
2. persona que tiene éxito cortejando a otras personas Dicen que ese actor es un conquistador.
Sinónimos

conquistador

, conquistadora
sustantivo masculino
Traducciones

conquistador

conquistador

conquistador

conquistador

conquistador

A. ADJconquering
B. SM/Fconqueror
C. SM
1. (Hist) → conquistador
2. (= seductor) → ladykiller
Ejemplos ?
—Aun es fama que este conquistador pasaba horas acompa- ñando en su prisión al desventurado monarca, y enseñándole á jugar al ajedrez.
A todo esto, la polka había atravesado ya la frontera, y se establecía entre nosotros, no como un huésped, sino como un conquistador.
«Guillermo el Conquistador, cuya causa era apoyada por el Papa, fue aceptado muy pronto por los ingleses, que necesitaban un jefe y estaban ha tiempo acostumbrados a usurpaciones y conquistas.
Y hace notar que estas expediciones todas han fracasado; enumeraremos algunas: la de Mendoza al Río de la Plata en 1535, la de Fernández de Lugo a Nueva Granada el mismo año, la de Pedro Arias Dávila a Panamá después de que un conquistador surgido de la propia experiencia americana había hecho el descubrimiento del Mar del Sur.
La abstención del impulso conquistador en lo que respecta a Uruguay y a su actividad avasalladora y urgida en los demás países aludidos, debía determinar y determinó, en efecto, muchos y sucesivos movimientos emigratorios de indígenas pobladores de las diversas “zonas de guerra” hacia el territorio imperturbado por el ruido de los cristianos.
II Alonso de Toro Hombre fiero, áspero, vengativo, cruel e indigesto llama un cronista á este conquistador, que obtuvo en el botín de Cajamarca la misma porción, en oro y plata, que Mesa el Canario.
La conquista de Perú se prepara en Panamá y Pizarro, si no es originario de América, por lo menos ha pasado buena parte de su vida allí; la del Paraguay, la del norte argentino se preparan en América; Buenos Aires es refundada por Garay, que vino de España teniendo 15 años y se hizo soldado aquí; la de Nueva Granada, preparada en Cartagena y Santa Marta, después de fundada Bogotá, por un abogado que se hizo conquistador...
«Puede ser un ratón francés, que llegó hasta aquí con Guillermo el Conquistador.» (Porque a pesar de todos sus conocimientos de historia, Alicia no tenía una idea muy clara de cuánto tiempo atrás habían tenido lugar algunas cosas.) Siguió pues: - Où est ma chatte?
Se conoce que el autor ha tenido á mano muchos cronistas que sobre las cosas de Amé- rica escribieron, y que, con tino y habilidad, ha sabido huir del escollo de dar entrada en el santuario de la Historia á muchas de las fantasías de Garcilaso, á las exageraciones de Pedro Sancho el conquistador, á las apasionadas noticias de Francisco Jerez, á la chispeante mordacidad del Palentino, y á las candorosas narraciones de Montesinos, que, más que para historiador, había nacido para escribir cuentos de las Mil y una noches.
A Urzua seguía también en la expedición la bellísima doña Inés de Atienza, limeña é hija del conquistador Blas de Atienza, favorito del marqués Piza- rro, y algunas otras mujeres, entre las que se encontraba una aragonesa llamada la Torralba, manceba de Aguirre.
Oyendo esto, el Príncipe se irguió ante mí, con infantil alarde: —Marqués, pregúntame por donde quieras la Historia de España. Yo sonreí: —¿Qué reyes hubo de vuestro nombre, Alteza? —Uno solo: Don Jaime el Conquistador. —¿Y de dónde era Rey?
Tan es así, que en el »pacto entre Bolívar y el Perú, se agregó este artículo:— Mucr- »to el Libertador, los cuerpos legislativos quedarán en libcr- »tad de continuar Ja federación ó disolverla.— El mismo au- »guró el fin trágico de su gobierno personal, cuando excla- »maba:— ¡Mis funerales serán sangrientos como los de Alcjan- »dro!— Tenía la conciencia (y esto lo hace más responsable »ante la Historia) de que era un imperio asiático el que prc- » tendía fundar, sin más títulos que la gloria del conquistador, ni más sostén que el pretorianismo.