Ejemplos ?
Que no le quede a «ésa» ningún derecho... Al aflojarse el nuevo abrazo de los esposos Revenga imploró: -¡Tráemela!... No la conozco todavía...
Menos aún debe atribuirse a Murillo ni a Ribera: aquél es más tierno, y éste es más sombrío; y, además, ese estilo no pertenece ni a la escuela del uno ni a la del otro. En resumen: yo no conozco al autor de este cuadro, y hasta juraría que no he visto jamás obras suyas.
-se apresuró a contestar don Jorge, ruborizándose hasta la blanco de los ojos-. ¡La conozco a usted demasiado para suponer tal majadería!
-Me muero, Capitán... Lo conozco..., inútil fuera llamar al médico... Llamaremos al confesor..., ¡eso sí!..., aunque se asuste mi pobre hija...
Contemplaron sin dejar de sonreír los allí reunidos al Matraca, y -Si ya lo sabemos, si yo lo conozco a usted mucho de vista, porque me parece que lo he visto yo a usté retratao la mar de veces en las cajillas de misto -exclamó con grave y reposada actitud uno de los de la guardia pretoriana del de los Bigotes.
Ya sabe usté que pa mí la Rosario es la Consagrá, porque la conozco desde que estaba en peligro de desangrarse por la tripa, y porque es más güena pa mí que el azufre pa el moquillo, y porque es una esgraciaíta que está pasando un día sí y otro no por la ruea de las navajas y buche de agua que se bebe a la vera del Carabina es una puñalá que le meten, y ea beso que le da, un vomitivo que toma.
-Yo te juro que está mu cerca, pero que mu cerca de aquí, y no te lo icimos poique yo te conozco y sé que eres mu capaz de dar un voletón, y eso es lo que no quiero yo, poique si te siguen y sus cogen y se averigua que él estuvo en los Chaparrales, no va a ser esazón la que sus van a dar a mancos y a cojitrancos.
Después, a su vez, Gigante de la Tierra dijo a Maestro Mago, Brujito: “¿Por qué venís vosotros? Yo no conozco vuestros rostros. ¿Cuál es vuestro nombre?”; dijo Gigante de la Tierra.
Es un matemático y no un poeta. —Está usted equivocado; yo le conozco bien, es ambas cosas. Como poeta y matemático, habría razonado bien; como simple matemático no habría razonado absolutamente, y hubiera estado a merced del prefecto.
«¡Hay que darles algo nuevo!», dijo el autor de los nuevos versos, que yacen esparcidos por el suelo. ¡Bien los conozco! Más de diez veces se los oí leer en alta voz.
El duende es un anciano nórdico, muy viejo y respetable, pero alegre y campechano. Lo conozco de hace mucho tiempo, desde un día en que brindamos fraternalmente con ocasión de su estancia aquí en busca de mujer.
-Su madre es tan buena persona... ¡Cómo lo quiere! Me dejaba leer todas sus cartas; creo que lo conozco bien. ¡Qué bueno fue usted conmigo cuando yo era niña!