Ejemplos ?
Súbitamente entonces, en un ¡trae! y un lívido relámpago cuyas conmociones venía sintiendo desde semanas atrás, comprendo que me estoy volviendo loco.
La chimenea estaba, pagada, el péndulo seguía oscilando, y Emma se quedaba pasmada ante la calma de las cosas, mientras que dentro de ella se producían tantas conmociones.
Debíamos haber asumido ya una significación doblemente importante en el escenario del mundo y estamos aún confundidos entre las Repúblicas subalternas e inorgánicas de América, expuestos a sufrir las consecuencias de las sociedades que por no desenvolverse paralelamente al deber y al progreso, se ven forzadas a buscar su regeneración en la crisis de dolorosas conmociones.
Hacia el oeste, tras el río, gruesos cúmu­los de base oscura ascendían como en erupción, los unos sobre los otros, resquebrajados por bruscas conmociones de luz lívida.
Sócrates En lugar de decir que cuando el alma no siente las conmociones ocurridas en el cuerpo, estas conmociones se le escapan, llama insensibilidad a lo que llamabas olvido.
El sector obrero que, convencido de la insuficiencia y superficialidad de las meras conmociones políticas, reclamaba una radical transformación de la sociedad, se apellidaba comunista.
El pulso mueve conmociones tersas y al balance de sus sílabas tónicas de sangre, átonas de nieve, se resquebraja el silencio con su propuesta de música.
Como fieros lebreles De su amo al pie tendidos Yacen al pie del alma las pasiones Ya no alzan las infieles Ruidosos alaridos: Cesaron sus funestas conmociones.
Descienden juicios sobre las ciudades Terribles conmociones vendrán sobre la tierra, y los 114 palacios señoriales levantados a gran costo se convertirán ciertamente en montones de ruinas.-3MR 312 (1891) Cuando la mano restrictiva de Dios se retire, el destructor comenzará su trabajo.
Entonces, por primera vez, se promulgó una ley agraria, y desde entonces hasta hoy nunca se ha sido debatida sin grandes conmociones.
En el XV se produjeron conmociones más serias contra el rey Enrique IV y el jefe de su camarilla, don Juan de Pacheco, marqués de Villena.
En España, primera de las dos naciones de la Península (es decir, de la cuasi-ínsula), unas cuasi instituciones reconocidas por cuasi toda la nación; una cuasi-Vendée en las provincias con un jefe cuasi imbécil; conmociones aquí y allí cuasi parciales; un odio cuasi general a unos cuasi hombres que cuasi sólo existen ya en España.