conjuro

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conjuro

1. s. m. OCULTISMO Fórmula mágica para alejar a los malos espíritus o atraer a los benéficos recitó el conjuro que aprendió del libro del mago. exorcismo
2. OCULTISMO Fórmula pronunciada por los hechiceros a la que se atribuyen poderes mágicos la pócima no tendrá ningún efecto hasta que no pronuncie sobre ella el conjuro.
3. Ruego expresado con insistencia e interés en que se atienda.
4. al conjuro de loc. prep. Se usa para expresar que algo ocurre, como por magia, cuando se da la circunstancia que se menciona al conjuro de su valentía desapareció todo temor.

conjuro

 
m. Acción y efecto de conjurar.
Fórmula mágica con la que se invoca una divinidad o una fuerza sobrenatural para pedir su intervención.
Ruego encarecido.

conjuro

(koŋ'xuɾo)
sustantivo masculino
formulación mágica pronunciada para conseguir algo o invocar espíritus Sólo se escuchaban los conjuros de la hechicera.
hecho que sucede por incitación de algo que estimula como un hechizo Al conjuro de su voz todos guardan silencio.
Sinónimos

conjuro

Traducciones

conjuro

SM
1. (Rel) → exorcism; (= hechizo) → spell
al conjuro de sus palabrasunder the spell of his words
2. (= ruego) → entreaty (frm), plea
Ejemplos ?
Gozábamos al fin insomnio inquieto, Delirando festines y batallas, Con tumultos sin época ni objeto, Con broqueles, con yelmos y con mallas. Y soñábamos duendes y conjuros En una tierra mágica y lejana, Deleitados en cóncavos obscuros Con cantares de sílfide liviana.
El doctor abrió entonces el libro que había tenido siempre debajo del brazo, impreso en dos colores: rojo y negro y en idioma alemán. Mientras Wolfert mantenía la linterna, el médico, provisto de sus lentes, leía varios conjuros en latín y alemán.
Aquella amenaza que la mujer indígena teme más que a la muerte, manteníalas alejadas a cierta distancia, pero no cesaban de vociferar, como poseídas, toda clase de conjuros y de maldiciones.
En una lóbrega noche en que las nieblas ofuscan la opaca luz que la prestan las estrellas y la luna; de esas noches en que el aire con sordas ráfagas zamba, por las esquinas rasgándose y por las torres agudas; de esas noches que parece que en hondo caos sepultan al universo dormido, y el cielo y la tierra enlutan; de esas noches que recuerdan las espantosas y absurdas consejas de las nodrizas, con que a los niños asustan; noches que traen a la mente los concilios de las brujas, los conjuros de los magos y las sombras insepultas, como tales, en silencio, a pasos rápidos cruzan don Félix y el necio amigo una callejuela obscura, de la calle de doña Ana y del Real palacio junta.
Enojóse Calabrés, revolvió sus conjuros, quísole enmudecer, y al echarle agua bendita a cuestas comenzó a huir y a dar voces, diciendo: -Clérigo, cata que no hace estos sentimientos el alguacil por la parte de bendita, sino por ser agua.
La tradición guarda una idea confusa, y el principie por quien esto se supo habla vagamente de sierpes monstruosas y aladas que se precipitaron en las ondas del torrente, para aparecer de nuevo en forma de animales desconocidos y fantásticos; de conjuros tan temibles que a veces se cubría de manchas el sol y los montes se estremecían como cañas; de lamentos y aullidos tan espantosos, que la sangre se helaba al escucharlos.
No sé si los mismos demonios, a fuerza de conjuros, confesarían esta verdad como la confiesa Hermes; porque dice: nuestros antepasados andaban muy errados e incrédulos acerca de la calidad de los dioses, y, sin advertir a su culto y religión hallaron traza y modo para formar dioses.
¡Cuántas el impedimento acusaron de consuno, al pozo que es de por medio, si no se besan los cubos! Orador Píramo entonces, las armas jugó de Tulio, que no hay áspid vigilante a poderosos conjuros.
Y ved aquí cómo Porfirio, platónico en la secta, dicen que es más docto que el primero por su estudio en el arte teúrgico, por el cual refiere y pinta a los mismos dioses sujetos y rendidos a pasiones y perturbaciones, puesto que con sus conjuros los pudieron conjurar y aterrar para que no verificasen la purgación del alma, y pudo espantarlos seguramente el que les mandaba ejecutasen lo que era malo, cuando el otro, que les pedía lo que era bueno, por el mismo, arte no pudo libertarles, del miedo para que le hicieran bien.
El rey de los genios se opuso a su mal deseo, y si bien no pudo hacer completamente ineficaces sus encantamientos y conjuros, supo despojarlos de gran parte de su malicia.
Cebes se echó a reír: Supón, Sócrates, que lo temamos, o más bien que no somos nosotros los que tememos, pero que bien pudiera ser que hubiera entre nosotros un niño que lo temiera; procuremos enseñarle a no tener miedo de la muerte como de un vano fantasma. Para esto, replicó Sócrates, hay que recurrir diariamente a los conjuros hasta verle curado.
Sus tijeras eran varita de virtudes. Mejor transformaban ellas a las bestias, que los más diablescos conjuros. ¡Sabio peluquero de solípedos, Telaraña!