conflagración


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conflagración

1. s. f. Conflicto entre pueblos o naciones, especialmente violento.
2. Incendio, siniestro la conflagración asoló el poblado y todo el bosque.

conflagración

 
f. Incendio (fuego grande).
Perturbación repentina de pueblos o naciones, especialmente a causa de guerra.

conflagración

(komflaγɾa'θjon)
sustantivo femenino
enfrentamiento violento entre estados o naciones Estos desacuerdos derivarán en una conflagración.
Sinónimos

conflagración

sustantivo femenino
guerra, conflicto, contienda, pugna.
Por ejemplo, la segunda conflagración mundial.
Traducciones

conflagración

conflagration

conflagración

conflagrazione

conflagración

Feuersbrunst

conflagración

пожар

conflagración

conflagração

conflagración

pożar

conflagración

požár

conflagración

storbrand

conflagración

storbrand

conflagración

SF
1. (= perturbación) → flare-up, outbreak
conflagración bélicaoutbreak of war
2. (= incendio) → conflagration
Ejemplos ?
Todo esto mientras el pueblo se siente profundamente humillado por los pactos de Munich, que representan una claudicación más de las democracias ante el avasallador dictado de las tiranías fachistas; pactos que significan el quebranto flagrante de un solemne tratado con Checoeslovaquia, repetidas veces reiterado, poco antes de ser preterido; pactos que entrañan, por último, no el afianzamiento de la paz -su único fin-, sino el fermento de la próxima conflagración, harto más fatídica que la última y que las grandes potencias occidentales tendrán que aceptar y emprender, en condiciones más desventajosas.
En realidad estamos ya en un estado de pre-guerra; no de otro modo puede considerarse el retiro de los embajadores francés e inglés de Berlín, ni las protestas que el Quai d'Orsay y Downing Street enviaron al Gobierno alemán con motivo del inicuo crimen internacional checoeslovaco. ¿Cuándo y cómo se iniciará la pavorosa conflagración?
Y como en Inglaterra pasaba lo propio, quiere decir que si en septiembre de 1938 hubiese estallado la conflagración, la opinión pública de ambos Estados no habría tenido la uniformidad completa que tiene ahora, por considerarse la guerra como una necesidad imperiosa del momento.
La misma perspectiva, en síntesis, que nos ha mantenido en una relación de colonización o de dependencia. Que nos ha explotado en tiempos de guerra fría, pero también en tiempos de conflagración bélica y también en tiempos de paz.
Se podía haber concluido todo, puede ser que todo se vuelva a empezar; se podía haber garantido una calma larga y segura; empezar a gozar, y en lugar de todo esto, tal vez sea bastante una chispa para ocasionar una conflagración universal.
Esta es su libertad, ésta su elevación (Según los estoicos, el ala (fuego o aliento vital, parte de la esencia divina) al salir del cuerpo, volaba hacia el éter y se convertía en una de las estrellas, y así había de vivir hasta la conflagración que había de destruir el universo); de tanto en tanto es deseo de la prisión en que estaba retenida y se renueva en el cielo.
La guerra, señor Presidente, va a constituír una hecatombe para la humanidad entera, porque si bien es cierto que la mayor parte de los Estados del mundo permanecen al margen del conflicto armado, sin embargo el contragolpe económico de la conflagración lo recibirán todas y cada una de las naciones del globo en más o menos proporción.
Muy de desearse sería que las ventajas económicas y políticas que la conflagración europea pudiera proporcionarlos, durara un tiempo largo; pero, por desgracia, si la guerra se prolongara demasiado, entonces, como digo antes, resentiríamos también nosotros las consecuencias del aniquilamiento europeo.
Lo rompió el mundo, debido a la colaboración de los factores complementarios: el espíritu de sacrificio de los combatientes, nuestros aliados, y el ideal de independencia de aquellos pueblos que, al par que el nuestro, saben que hay en la historia crisis, como ésta, que todo lo admiten, menos la indiferencia, la abdicación, la apatía y la falsa neutralidad. La primera parte de la conflagración desencadenada por los propagandistas de la barbarie ha concluido hoy.
Si Inglaterra se pusiera enérgica contra los franquistas y también contra Italia, tal vez Francia pudiera conseguir algunas ventajas previas al reconocimiento, pero como lejos de manifestarse rigurosa, la política británica no ha hecho otra cosa que ceder a todos y cada uno de los caprichos y de los chantajes de los totalitarios, es poco probable que, cuando la victoria definitiva de los fachistas es indudable, Inglaterra contraríe a Franco, a Mussolini y a Hitler, por miedo de provocar una conflagración que Chamberlain ha evitado a costa del honor de Francia y a costa también de los intereses de ambas potencias democráticas en el Mediterráneo y en Oriente.
Claro está que en el fondo todos esos países al proceder así, sabían que no decían la verdad y que faltaban a sus deberes hacia España; pero lo que deseaban era evitar una nueva conflagración europea.
¿Por qué no disociamos en gloria, al estilo de las moléculas que estallan, por qué no arder en la altura semejantes a los astros en conflagración, por qué, ya que hay que hundirnos en la noche, no desaparecen los mejores de los nuestros en un espasmo ardiente y puro?