confidencia

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confidencia

1. s. f. Revelación de una noticia reservada e íntima conocen todas sus confidencias. secreto
2. Confianza depositada en alguien.

confidencia

 
f. Revelación secreta, noticia reservada.

confidencia

(konfi'ðenθja)
sustantivo femenino
1. cosa muy íntima que se confiesa a alguien Me contó confidencias sobre su vida íntima.
2. recelo confianza en alguien Me dejé llevar por la confidencia y terminé contándole mis cosas.
Traducciones

confidencia

confidence, faith, trust

confidencia

confidenza

confidencia

ثِقَة

confidencia

důvěrnost

confidencia

betroelse

confidencia

luottamuksellinen tieto

confidencia

confidence

confidencia

povjerljivost

confidencia

秘密

confidencia

비밀

confidencia

geheim

confidencia

betroelse

confidencia

zwierzenie

confidencia

секрет

confidencia

förtroende

confidencia

ความเชื่อใจ

confidencia

sır

confidencia

bí mật

confidencia

机密, 信心

confidencia

доверие

confidencia

信心

confidencia

SF (= secreto) → confidence, secret; (a policía) → tip-off
hacer confidencias a algnto confide in sb, tell sb secrets
Ejemplos ?
Pero lo que más ocupaba mi mente era la reflexión sobre cómo debía actuar, al haberme convertido en depositario de esas confidencias.
¡Qué mal la había juzgado! Me ha inmortalizado en sus «Confidencias»; irá a parar a la imprenta y correré en boca de la gente. Desde hoy no dejaré que el gato se zampe la nata; me la reservo para mí.
-dijo-, más de la una. El tiempo pasa tan deprisa en las confidencias entre antiguos amigos, míster Copperfield, que es casi la una y media.
-No lo extrañes -prosiguió Víctor-, no he tenido un amigo jamás, tú eres ya viejo para acompañarme, este pobre náufrago vendrá a cazar conmigo, tenderemos juntos nuestras redes, nos haremos mutuas confidencias, él explicándome lo que ha visto más allá de estos mares, yo contándole mis sueños.
La comida fue triste, el anciano no hablaba y Victoria y yo sosteníamos un diálogo con los ojos, haciéndonos confidencias, enviándonos promesas y suspiros y jurándonos eterno amor.
Pues, aunque a ninguno de sus consejeros oficiales lo hubiese confesado, y que sólo su señora madre recibiera al respecto sus confidencias, había formado el proyecto de no atenerse exclusivamente a las conveniencias políticas para elegir a la que debía compartir con él las alegrías y las amarguras de la vida.
En cambio, exagera él un poco su cinismo; cuando me hace confidencias, toma la pose canaille, que diría un pintor, y me exhibe un personaje muy diferente del que conoce el público y muy parecido al que describe Luis Montes, que lo desprecia y lo odia con todas sus fuerzas y no le reconoce ni aun sus más positivos méritos.
Pero hacía muchos años que en las caricias, en los cuidados, en las confidencias del músico había una profunda tristeza, una desesperación resignada, atónita, humilde, casi servil, que daba frío y sombra en derredor: parecía el contacto de aquel dolor mudo, el contacto de la muerte; no era posible respirar mucho tiempo la atmósfera de desconsuelo en que Ventura vivía: todo organismo debía de sentir repugnancia cerca de aquella frialdad pegajosa...
Apenas la casualidad les reunió de nuevo, adoptando el azar para este feliz resultado la aterradora forma del vuelco de un coche, despertó en ambos fraternales corazones el impaciente anhelo de asociarse en una fervorosa oración por los años de ausencia. Las primeras confidencias partieron de Gelabert.
Esos días mistress Micawber me hacía las más desgarradoras confidencias, y también el domingo por la mañana mientras tomaba el té o el café que había comprado la noche antes y guardaba en un tarro de dulce.
-Me estás hablando -me dijo con alegre sonrisa, mientras continuaba su trabajo- como si fuera la mayor de las Larkins. -Vamos; no está bien que abuses de mis confidencias -le respondí enrojeciendo al recuerdo de mi ídolo de cintas azules-.
Y con esto y con una ligera inclinación de cabeza al pasar al lado de mi cama, como disculpándose de haberme corregido, salió cerrando la puerta con la misma delicadeza que si acabara de caer en un ligero sueño del que dependiera mi vida, Todas las mañanas teníamos exactamente esta conversación, ni más ni menos, y siempre invariablemente, a pesar de los progresos que hubiera podido hacer en mi propia estima la víspera, creyéndome que avanzaba hacia una madurez próxima, por el compañerismo de Steerforth, las confidencias de su madre o la conversación de miss Dartle en presencia de aquel hombre respetable, me sentía, como nuestros pequeños poetas cantan, «un chiquillo de nuevo».