confesor

(redireccionado de confesores)

confesor, a

1. s. Persona a quien se le confiesa una cosa la madre fue siempre la confesora de sus dudas e insatisfacciones.
2. s. m. RELIGIÓN Sacerdote que confiesa a los fieles reclamó a su confesor en el lecho de muerte.
3. HISTORIA, RELIGIÓN Cristiano que confesaba públicamente su fe y que estaba dispuesto a dar su vida por ella.
4. confesor de manga ancha RELIGIÓN despectivo El que fácilmente da la absolución a los penitentes.

confesor

 
m. catol. Sacerdote que, con licencia del ordinario, confiesa a los penitentes.

confesor

(komfe'soɾ)
abreviación
religión clérigo que posee licencia para confesar y absolver los pecados de los fieles Fue nombrado capellán confesor de la reina.

confesor


sustantivo masculino
persona cristiana creyente que testifica de su fe en Cristo arriesgando su vida En los primeros tiempos los confesores eran perseguidos y martirizados.
Traducciones

confesor

confessor

confesor

confessore

confesor

Beichtvater

confesor

confesseur

confesor

Confessor

confesor

SMconfessor
Ejemplos ?
El abad de Sanlúcar, adornado con los hábitos pontificios, con su mitra enriquecida de piedras preciosas, su roqueta, su báculo de oro, estaba sentado, rey del coro, en un sillón de un lujo imperial, en medio del clero compuesto por impasibles ancianos de cabellos plateados, revestidos de albas finas y que le rodeaban semejantes a los santos confesores que los pintores agrupan alrededor del Eterno.
Dentro de pocos días estaba el pueblo con esto confuso y absorto, sin saber de dónde se causaba aquella inundación y con temor tan grande, que nadie tenía seguro de amanecer vivo, y así andaban atónitos los hombres por las calles e iglesias, pidiendo confesión. Fue de suerte que la mayor parte de la gente la hizo, y los que quedaron fueron por falta de confesores bastantes.
Para nosotros son los duros terreros colchones de blandas plumas: el cuero curtido de nuestros cuerpos nos sirve de arnés impenetrable que nos defiende; a nuestra ligereza no la impiden grillos, ni la detienen barrancos, ni la contrastan paredes; a nuestro ánimo no le tuercen cordeles, ni le menoscaban garruchas, ni le ahogan tocas, ni le doman potros. Del sí al no no hacemos diferencia cuando nos conviene: siempre nos preciamos más de mártires que de confesores.
Y aunque los confesores y el virrey andan en esto solícitos, como no hay el freno de la Inquisición y los demás castigos, no les amedrentan, porque en Italia lo más ordinario es castigar la bolsa.
De cada templo y de serro en serro andauan, haciendo serimonias y llorando y le lleuaua adelante los pontífises, hicheseros y saserdotes, confesores mochando las dichas guacas de Uana Cauri y de Pacari Tanbo y otros ýdolos que llos tenían y mandaua.
127.- Para que se entienda si hay número competente de obreros para beneficiar las miles de ánimas que hay en cada parroquia, Arciprestazgo y diócesis, los Curas y Ministros de cada parroquia y dotrina de los Padrones de las ánimas hechos según dicho es, formarán Libro de las personas eclesiásticas que hay en su parroquia y dotrina y por tabla dél pondrá los capítulos siguientes: El primero, de todos los clérigos que hay; el Segundo, de todos los clérigos; el Tercero, de los beneficios y Capellanes que tienen beneficio o Capellanía con título; el Cuarto, de los que sirven beneficio o Capellanía sin título; el Quinto, de los confesores...
Se le arrojó al fuego, dice Eusebio, y los judíos que se hallaban pre­sentes insultaron a Jesucristo por permitir que fuese quemado uno de sus confesores, cuando Dios había sacado del horno ardiente a Sidrach, Misach y Abdenago.
128.- Para haber de enseñar a los indios nuestra religión cristiana y Santa Fée Católica es necesario darles a entender las vanidades y falsedad de su seta y edolatría, sacrificios y culto della; y para que esto lo puedan hacer los Prelados, Arciprestes y Curas e Predicadores y Confesores y Ministros de la dotrina cristiana...
—Lo mismo hubiera hecho yo, exclamó don Juan José marchando, pero estos hombres (y miró a sus confesores) me han irritado tanto que me han quitado la voluntad de hacerlo.
Pasó cerca de un año. Cristina no tuvo amante; se dejaba adorar, pero no admitía confesores. Una noche recibió un libro encuadernado en tafilete.
San Silvestre... Santos Mártires... San Agustín... Santos Pontífices y Confesores... San Benito... Santos Monges y Ermitaños... San Juan...
Aunque la confesión auricular no entra en el reino de mis creencias, s riesgo de que los lectores argentinos me califiquen de inmodesto, voy á espontanearme con ellos, que de seguro han de ser para conmigo confesores de manga ancha.