Ejemplos ?
Seremos grandes maestros si conducimos a nuestros discípulos por el sendero que nosotros no pudimos superar, pero que ellos habrán de lograrlo.
«El descubrimiento de una inesperada propiedad de la materia, dice Maeterlinck, análoga a la que acaba de revelar las desconcertantes virtudes del radio, puede conducimos directamente a las fuentes mismas de la energía y de la vida de los astros; desde ese momento la suerte del hombre cambiaría, y la tierra, definitivamente salvada, se haría eterna.
Claro que también tenemos que discutir la distribución del ingreso, porque en una Argentina donde estamos cerca del pleno empleo, comienzan entonces otros debates que no deben ser malos en sí mismos; al contrario, la mejor distribución del ingreso logra mayor cohesión social y podemos ver entonces que la sociedad entra en desarrollo con mayor cohesión generando aún mayor riqueza. Este es el desafío que tenemos quienes conducimos el Estado.
Pero entre tanto que conducimos con nosotros mismos la humana debilidad de la vida mortal, si carecemos totalmente de afectos, por el mismo hecho es prueba de que vivimos bien; porque el Apóstol reprendía y abominaba de algunos, diciendo de ellos que no tenían afecto.
En una falúa del Blanco nos embarcamos las tres personas que fuimos autores de esta triste escena y conducimos, a bordo de dicho buque, ese pedazo de la patria querida.
Pensad, conciudadanos, en lo que significa para la patria la realización de estos ideales redentores; mirad a nuestro país hoy oprimido, miserable, despreciado, presa de extranjeros cuya insolencia se agiganta por la cobardía de nuestros tiranos; ved cómo los déspotas han pisoteado la dignidad nacional invitando a las fuerzas extranjeras a que invadan nuestro territorio; imaginad a qué desastres y a qué ignominias pueden conducimos los traidores que toleramos en el poder...
Así como nos desarrollamos absorviendo todo con lo que nos enfrentamos durante nuestra niñez, así también nos descubrimos y conducimos en posteriores años hacia la vida positiva, hacia la época, renunciando a nosotros mismos las más de las veces, para llegar a ser siervos y llamados buenos ciudadanos.
Y, entonces, si podemos cambiar la manera en que conducimos nuestros autos y nuestros camiones, podemos cambiar nuestra adicción al petróleo.
Aquellos dos - le respondieron - son San Francisco y San Antonio; y ese último que has visto tan honrado es un santo hermano que ha muerto hace poco tiempo; a ése, por haber combatido valerosamente contra las tentaciones y haber perseverado hasta el fin, nosotros lo conducimos en triunfo a la gloria del paraíso.
Simplemente quiero hablarle al pueblo estadounidense sobre tres maneras en que podemos cambiar la manera en que conducimos nuestros automóviles.
Así hablaba Atenágoras con toda confianza a Marco Aurelio y a su hijo Lucio Aurelio Cómmodo: «Permitís que nosotros, que ningún mal hacemos, antes bien nos conducimos con toda piedad y justicia, no sólo respecto a Dios, sino también respecto al Imperio, seamos perseguidos, despojados, desterrados»(21).
Había un ayuno previo, un acto de arrepentimiento, de perdón, y una declaración de compromiso tras la cual: «...los conducimos a un paraje con agua donde se regeneran de la misma forma que nosotros fuimos regenerados» (Apol I, 61).