condesa

condesa

(Del lat. comitissa, compañera.)
s. f. Mujer que goza de este título nobiliario o esposa de un conde.

condesa

 
f. V. conde (jerarquía).
Traducciones

condesa

countess

condesa

contessa

condesa

SFcountess
Ejemplos ?
Sé en Castilla la condesa La luz de mis ojos sé, Y piensa que en compañía De quien tan fino te adora, Tú serás reina y señora Yo tu esclavo viviré.
No se presentaría ningún guapo. Después, con acompañamiento de tétrica música, avanzaron las damas veladas para llevarse la condesa al suplicio.
La joven se llevó un dedo a los labios recomendándole que guardara silencio; pero a la viuda le había sentado muy mal la segunda palabra de aquella interrogación, y apresuróse a responder: -Está usted en un lugar honesto o sea en la casa de la Generala Barbastro, Condesa de Santurce, servidora usted.
En diciembre de 1840 la condesa invita a Beyle con frases apremiantes para que las visite en Madrid; se alojaría en su casa e iría con sus dos hijas a esperarle al apearse de la diligencia.
las ocho ae la mañana siguiente, que, por la misericordia de Dios, no ofreció ya señales de barricadas ni de tumulto (misericordia que había de durar hasta el 17 de mayo de aquel mismo año, en que ocurrieron las terribles escenas de la Plaza Mayor) hallábase el doctor Sánchez en casa de la llamada Condesa de Santurce poniendo el aparato definitivo en la pierna del Capitán Veneno.
Largo es hablar de Alda de Sajonia, o de la insigne condesa de Celano, o de Blanca María de Catalonia, o de la hija del rey siciliano, o de la bella Lipa de Bolonia; tantas, de que, aun haciendo loor liviano, si de una en una en su virtud ahondo, será arrojarse a océano sin fondo.
Pero, cuando la veía triste y taciturna, por ccnsecuencia de sus cuidados y achaques, se guardaba de darle bromas sobre el expediente y la llamaba con toda naturalidad Generala y Condesa; cosa que la restablecía y alegraba en el acto; si ya no era que, como nacido en Aragón y para recordar a la pobre viuda sus amores con el difunto carlista, le tarareaba jotas de aquella tierra, que acababan de entusiasmarla y por hacerla reír juntamente.
Pero yo le contesté que la hija de la condesa de Santurce sólo podía admitir favores (o sea hacerlos ella misma, en el mero hecho de admitirlos) de su tutor don Jorge de Córdoba, a cuyo cuidado la confió la difunta.
Y supuesto que ahora no puede oírnos, permíteme, mamá, que te advierta una cosa... Creo que no has hecho bien en contarle que eres Condesa y Generala...
¿También tú vas a poner en duda mi categoría? ¡Yo soy tan Condesa como la del Montijo y tan Generala como la del Espartero! -Tienes razón; pero hasta que el Gobierno resuelva en este sentido el expediente de tu viudedad, seguiremos siendo muy pobres...
-Tiene usted, señora Condesa, la mala fortuna de albergar en su casa a uno de los hombres más enrevesados e incovenientes que Dios ha echado al mundo.
En seguida se acostará usted también, dejándome en poder de esta insoportable gallega, que me dará de vez en cuando agua con azúcar, único socorro que necesitaré hasta que venga mi primo Alvaro. Conque lo dicho, señora Condesa: principie usted por acostarse.