condenar a muerte

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condenar a muerte

condannare a morte
Ejemplos ?
¿Es posible ser tan bárbaro como para atreverse a condenar a muerte a un desgraciado individuo cuyo único crimen es no tener los mismos gustos que vosotros?
Basándose en la popularidad de su nombre, acusó a Minucio y presentó una propuesta para que se confiscaran las propiedades de Servilio Ahala, con el pretexto de que Melio había sido víctima de una falsa acusación por Minucio, mientras que Servilio era culpable de condenar a muerte a un ciudadano sin juicio.
Me harán quizá condenar a muerte, o a destierro, o a la pérdida de mis bienes y de mis derechos de ciudadano; males espantosos a los ojos de Melito y de sus amigos; pero yo no soy de su dictamen.
¿No convenimos en que algunas veces es mejor hacer lo que decimos hace un instante, condenar a muerte a los ciudadanos, desterrarlos y decomisar sus bienes y que otras veces no?
Para hacerse más temido, llevó a cabo los juicios en casos de pena capital, sin asesores, y bajo su presidencia fue capaz de condenar a muerte, desterrar, o multar no sólo a aquellos de los que sospechaba o le resultaban antipáticos, sino también a aquellos de quienes sólo pretendía obtener su dinero.
¡Qué poder más terrible! Todo depende de cómo se las dispone: pueden dar la vida, pueden condenar a muerte; alegrar o entristecer.
Le contestaron: "¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!" Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. 20. Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. 21.
Si a tenor de este hecho, padres conscriptos, yo hubiese juzgado condenar a muerte a Catilina, no le concedería a ese matasiete ni el disfrute de una hora para seguir viviendo.
"En tanto el primer oficial se decía que descubrir a la fugitiva era perder su carrera, someterse a un proceso por soborno. Callarse era condenar a muerte a la mujer.
Su vida dependería de tu justicia y la indultarás en cada juicio para conservarla, ya que no hay más que una. —A mí no me gusta condenar a muerte a nadie —dijo el principito—.
Sócrates ¿Qué dirías de un Estado compuesto de tiradores de arco, tocadores de flauta, de atletas y otras gentes de esta clase, todos hábiles, mezclados con todos esos de que hemos hablado más arriba que saben, unos hacer la guerra, otros condenar a muerte, y con esos oradores hinchados con su pretendida disposición para la política, en el supuesto de que falte a todos la ciencia del bien y que entre todos ellos no haya ni uno solo que sepa en qué ocasión ni con qué objeto es preciso emplear cada una de estas artes?
SÓCRATES.- Entonces no queremos condenar a muerte, ni desterrar del país, ni despojar a nadie de lo suyo sin más ni más sino cuando eso nos pueda ser útil, pero si puede perjudicarnos, no.