Ejemplos ?
Jamás se logrará persuadir a un hombre de sano entendimiento que la Iglesia llegara a promulgar tantas leyes sobre la santidad y firmeza del matrimonio(31), sobre los matrimonios entre esclavos y libres(32), con una facultad otorgada por los emperadores romanos, enemigos máximos del cristianismo, cuyo supremo anhelo no fue otro que el de aplastar con la violencia y la muerte la naciente religión de Cristo; sobre todo cuando el derecho emanado de la Iglesia se apartaba del derecho civil, hasta el punto de que Ignacio Mártir(33), Justino(34), Atenágoras(35) y Tertuliano(36) condenaban públicamente como injustos y adulterinos algunos matrimonios que, por el contrario, amparaban las leyes imperiales.
¿Cuántas veces en esos instantes de recogimiento había pensado, sin acertar a explicárselo, en el porqué de aquellas odiosas desigualdades humanas que condenaban a los pobres, al mayor número, a sudar sangre para sostener el fausto de la inútil existencia de unos pocos!
En tan desesperada situación, dignose la fortuna dirigirme una bondadosa sonrisa. Ignoro si fue para reservarme a otras pruebas, pero el caso es que me libró de la inminente muerte a que me condenaban.
El duque dijo que no concebía cómo las leyes de Francia condenaban el libertinaje, ya que al ocupar el libertinaje a los ciudadanos los distraía de cábalas y revoluciones; el obispo dijo que las leyes no condenaban positivamente el libertinaje sino sus excesos.
Su cabeza vacilaba; los más incoherentes y contradictorios pensamientos lo condenaban a una pesadilla de crueles incertidumbres; por un lado el deber; por otro el dinero; por una parte el remordimiento; por otra el placer.
Y subsistiendo airado, acullá de los dedazos vivos que condenaban su sed de compañías y lo agotaban de su comunal entrega, triunfo narciso, se distanció de caminantes yertos, dolor eterno, amortajado por su cruz vendida.
Antes las leyes prohibían algunos actos, actos por otra parte tan numerosos que no se llegaba a saber muy bien cuáles eran, pero actos, al fin y al cabo, que recogía la ley. Se condenaban unos tipos de conducta.
Luis Cordero había ordenado que desde Guayaquil se traslade a Puerto Pilo el Grupo de Artillería para sofocar los levantamientos y enérgicas protestas que condenaban a su Gobierno como traidor a la Patria.
Al mismo tiempo, condenaban la política europea, la abierta contradicción entre los proclamados ideales de libertad y la cruda realidad de opresión, guerras y desunión en el Viejo Continente.
Antes de sacar triunfante el orgullo, la vanidad clerical; antes de hacer elásticas las leyes sagradas; antes de abusar de la fe de un pueblo y sembrar en él la alarma y la duda, debió el ministro del Altísimo recordar las palabras del libro inmortal: ¡Ay de aquel por quien venga el escándalo! «Quémese la casa y no salga humo», era el refrán con que nuestros abuelos condenaban el escándalo.
Y repliqué yo cómo se condenaban, y me respondieron: -Gente es que se viene acá sin avisar, a mesa puesta y a cama hecha, como en su casa.
Uno decía que ya la había hallado, y si la piedra filosofal se había de hacer de la cosa más vil era fuerza hacerse de corchetes, y los cocieran y distilaran si no dijera otro que tenían mucha parte de aire para poder hacer la piedra, que no había de tener materiales tan vaporosos; y así se resolvieron que la cosa más vil del mundo eran los sastres, pues cada punto se condenaban, y que era gente más enjuta.